Fiesta del Inmaculado Corazón de la Virgen María

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María, Madre de Jesús y nuestra, nos señala hoy su Inmaculado Corazón. Un corazón que arde de amor divino, que rodeado de rosas blancas nos muestra su pureza total y que atravesado por una espada nos invita a vivir el sendero del dolor-alegría.

La Fiesta de su Inmaculado Corazón nos remite de manera directa y misteriosa al Sagrado Corazón de Jesús. Y es que en María todo nos dirige a su Hijo. Los Corazones de Jesús y María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad…

La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de su Madre.

Por ello, nos consagramos al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María. Esto se hace evidente en la liturgia, al celebrar ambas fiestas de manera consecutiva, viernes y sábado respectivamente, en la semana siguiente al domingo del Corpus Christi.

Santa María, Mediadora de todas las gracias, nos invita a confiar en su amor maternal, a dirigir nuestras plegarias pidiéndole a su Inmaculado Corazón que nos ayude a conformarnos con su Hijo Jesús.

Venerar su Inmaculado Corazón significa, pues, no sólo reverenciar el corazón físico sino también su persona como fuente y fundamento de todas sus virtudes. Veneramos expresamente su Corazón como símbolo de su amor a Dios y a los demás.

El Corazón de Nuestra Madre nos muestra claramente la respuesta a los impulsos de sus dinamismos fundamentales, percibidos, por su profunda pureza, en el auténtico sentido. Al escoger los caminos concretos entre la variedad de las posibilidades, que como a toda persona se le ofrece, María, preservada de toda mancha por la gracia, responde ejemplar y rectamente a la dirección de tales dinamismos, precisamente según la orientación en ellos impresa por el Plan de Dios.

Ella, quien atesoraba y meditaba todos los signos de Dios en su Corazón, nos llama a esforzarnos por conocer nuestro propio corazón, es decir la realidad profunda de nuestro ser, aquel misterioso núcleo donde encontramos la huella divina que exige el encuentro pleno con Dios Amor.

«No anteponer nada a la obra de Dios»

Mi alegría es ser pequeña, permanecer pequeña

«Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» (Is 9,5). Lo que, mirando desde lejos hacia el futuro, dice Isaías a Israel como consuelo en su angustia y oscuridad, el Ángel, del que emana una nube de luz, lo anuncia a los pastores como ya presente: «Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor» (Lc 2,11). El Señor está presente. Desde este momento, Dios es realmente un «Dios con nosotros». Ya no es el Dios lejano que, mediante la creación y a través de la conciencia, se puede intuir en cierto modo desde lejos. Él ha entrado en el mundo. Es quien está a nuestro lado. Cristo resucitado lo dijo a los suyos, nos lo dice a nosotros: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Por vosotros ha nacido el Salvador:…

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La reliquia del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles resistió el fusilamiento de 1936. Ni una bala tocó el Corazón.

La reliquia del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles resistió
el fusilamiento de 1936. Ni una bala tocó el Corazón.
 
 
 
El 28 de julio de 1936, un grupo de milicianos de la República fusiló, entre blasfemias, el monumento al Sagrado Corazón de Jesús – de nueve metros – del Cerro de los Ángeles, en la localidad madrileña de Getafe. El 7 de agosto, otro grupo de militares dinamitó lo que quedaba de la imagen sacra. Hoy, en el monasterio del Cerro, fundado por santa Maravillas de Jesús, las carmelitas conservan la enorme piedra en la que fue esculpido el Corazón de Cristo.
 
Poner un pie en un monasterio de carmelitas descalzas es desafiar toda la lógica que propone el mundo. Y no sólo por el silencio y la quietud que se perciben al llegar –que contrastan con el bullicio prenavideño de nuestras calles –, sino por la felicidad que se percibe tras la reja de la clausura. La alegría y la hondura son tan palpables como el vaho helado en que se convierte el aliento de quien habla. Un lugar donde el frío exterior convive con un intenso calor que vibra en el pecho, se presenta, claro, como una caja de sorpresas. Y así es; al menos, en el Carmelo del Cerro de los Ángeles, en la localidad madrileña de Getafe, fundado, en 1925, por santa Maravillas de Jesús, para acompañar al Corazón de Cristo.
 
A prueba de bombas
 
De entre las muchas sorpresas con que Dios aguarda tras sus muros, una lleva impresa, a golpe de bala, la historia reciente más dramática de España: la reliquia del monumento al Sagrado corazón de Jesús, que el 28 de julio de 1936 fue fusilado por un grupo de milicianos de la República, volado con tres cargas de dinamita una semana después, y que presenta seis impactos de proyectil… Ninguno, por increíble que parezca, alcanzó al enorme corazón que buscaban herir. Quienes mejor conocen su historia son las religiosas del monasterio, que, adoran, reparan y acompañan al Sagrado Corazón de Jesús que corona el Cerro.
 
Aunque es poco frecuente, la comunidad en pleno recibe a Alfa y Omega en el locutorio. Por cierto que todas, desde la Priora, hasta las novicias de 19 años, piden no ser citadas por su nombre, porque «una carmelita quiere pasar desapercibida para el mundo y orar por él…» Sólo diremos, pues, que una de ellas relata cómo, «en 1940, el padre Torres, un sacerdote que estaba de Ejercicios, se dio un paseo entre los escombros del monumento al Sagrado Corazón que derribaron en la guerra.
 
Iba pensando en el dolor que debía de sentir Él al verse derribado por hombres a los que amaba. Entonces sintió un pálpito: llamó a los obreros que estaban desescombrando la zona y pidió que diesen la vuelta a una piedra enorme, en la que estaba, precisamente, el Corazón tallado. El padre Torres dijo a las hermanas: Le acribillaron a balazos, pero al corazón no le han tocado. Es como si quisiera decirnos que sigue tan vivo, con todo su amor y con toda su misericordia, para perdonarnos. ¡Y es verdad! Su Corazón sigue vivo para perdonar a los que le atacan».
 
Los milicianos, convertidos
 
Ciertamente, se hace difícil entender que ningún miliciano alcanzase al Corazón. El bloque de piedra – de más de metro y medio de ancho, por uno de alto – presenta seis impactos de bala que, aunque pasaron cerca, no alcanzaron su objetivo.
«El Señor quiso demostrar que el hombre no puede matar a Dios, aunque su indiferencia le cause un gran dolor –dice una religiosa –. No hay bala que le duela tanto como la ingratitud. Es lo que le pasa a cualquiera que ama y es despreciado. En los años 80, pedimos enrejar las ruinas del antiguo monumento, porque había profanaciones, insultaban a Dios, gritaban ¡Mueran las monjas!…, pero Dios los amaba.
 
Él quiere llevar almas al cielo, y nosotras también, porque los intereses de Dios son nuestros intereses. Por eso le adoramos, reparamos las ofensas que recibe y oramos por todos los hombres; sobre todo, por los pecadores». ¿También por los que fusilaron la imagen de Cristo? «¡Claro! Si supieran lo que hacían, no lo hubieran hecho », dice una carmelita. «Y tanto… Dos de ellos se arrepintieron y se convirtieron», apunta otra. Y da más datos: «Hace tiempo recibimos una carta de las Hermanitas de la Caridad, de Zaragoza, que nos contaban cómo un hombre pidió confesión y se arrepintió, por fusilar al Corazón de Jesús, de Getafe. Y el juez que juzgó a otro de ellos, contó que el miliciano pidió trabajar en la construcción de una iglesia, aunque no le conmutasen la pena, para expiar la ofensa de haber fusilado la imagen del Cerro.
 
¡Cómo no vamos a rezar por ellos!
 
De no ser por un pequeño golpe en una esquina del Corazón, fruto de la caída del monumento cuando fue dinamitado, no sería fácil distinguir la antigua piedra que veneran las religiosas en la capilla de la Santa Reliquia – como empezó a llamarla santa Maravillas – de la reconstrucción que hoy corona, como antaño, el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la Península. Un emplazamiento nada casual: «Estamos aquí con el Sagrado Corazón de Jesús para acompañarle, adorarle y orar por España. Él ha querido reinar en España desde el corazón del país, y nosotras oramos por todos los hombres desde el Corazón de Jesús. Porque el Señor tiene corazón, no es un ser etéreo», dice una carmelita.
 
Son palabras que se confirman por los sentidos, no sólo por la fe, porque quien visita el Carmelo del Cerro de los Ángeles y observa el monumento, experimenta la sensación de estar, no sólo en el corazón geográfico del país, sino en el corazón latente de España; como si las oraciones de estas religiosas sostuvieran muchas más vidas de las que uno pueda imaginar.
 
 
 
 
Sin Dios, no hay felicidad
 
Y con tantas almas por sostener, tienen mucho por lo que orar y muchas ofensas por reparar, «porque hoy – dice otra de las religiosas – le hieren otras balas; sobre todo, la ingratitud. En la vida de los hombres falta Dios. Y sin Dios, el hombre es enemigo del hombre; gobierna el demonio, la falsedad, el egoísmo. Cuando salgo de la clausura para ir al médico, me impresionan las caras de la gente. No tienen felicidad, mientras que aquí dentro hay rostros de paz y alegría». Una de las más jóvenes apostilla: «Me da mucha pena que algunos de mis amigos crean que no soy libre, cuando ellos son esclavos de muchas cosas. Sin Dios, no hay felicidad». Como dicen ellas mismas: «Somos lamparitas, que el Señor se enciende por amor a los hombres. Queremos su felicidad en Dios; por eso oramos y hacemos penitencia». Y concluyen entonando a coro una canción que reza así: «Porque España necesita de tu dolor, has de sufrir y expiar. Lamparita, lamparita, no te vayas a apagar. Porque la Iglesia necesita de tu calor, tú la tienes que alumbrar». Y el corazón de quien lo escucha, en efecto, parece escuchar el latido del Corazón de Jesús.
 
José Antonio Méndez – Alfa y Omega

Las 12 promesas del Sagrado Corazón de Jesús

EL SAGRADO CORAZÓN Y ESPAÑA

Tomado del blog  Contre Reforme Catholique Traducción de Amor de la Verdad Descargar documento PDF En las revelaciones de Paray-le-Monial , en el siglo XVII, los jesuitas fueron elegidos para  ser …

Origen: EL SAGRADO CORAZÓN Y ESPAÑA

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Foto: http://www.retabloceramico.net

Se celebra el viernes posterior al II Domingo de Pentecostés.

Juan Pablo II estableció que en esta solemnidad se celebre en la Iglesia la Jornada mundial por la santificación de los sacerdotes.

La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús recuerda el misterio del amor de Dios por cada hombre y mujer. -Juan Pablo II. 10, Junio, 2004.

«Esta fiesta recuerda el misterio del amor que Dios siente por los hombres de todo tiempo, recordando el mensaje central que dejó Cristo al aparecerse a una religiosa francesa de la Visitación, Santa Margaría María Alacoque (1647-1690).

Queridos jóvenes, os invito a prepararos, en la escuela del Corazón de Cristo, para afrontar con confianza los compromisos que os esperan en el transcurso de la vida.

Os doy las gracias, queridos enfermos, por la especial ayuda que ofrecéis al pueblo cristiano, aceptando el cumplimiento de la voluntad de Jesús crucificado, en fecunda unión con su sacrificio salvífico.

… Recemos también para que haya santos sacerdotes, formados «según el Sagrado Corazón de Cristo».

UN CORAZÓN TRASPASADO

1. Deuteronomio significa erróneamente Segunda Ley, pero en realidad, éste es el libro que recoge compilados los últimos discursos de Moisés antes de despedirse de su pueblo, viendo cercana la muerte,. Viene a ser como la última actividad de Moisés, realizada, en las desiertas estepas de Moab, desde donde veía la tierra prometida a la que sabía que no tenía que entrar. El gran luchador por la tierra, sólo podrá verla con sus ojos, pro no entrará en ella, ni la poseerá. ¡Les ha pasado a tantos!…La estructura del Deuteronomio está formada por las últimas palabras, exhortaciones y advertencias de Moisés al pueblo que ha dirigido cuarenta años y con el que ha pasado de todo: Dolores y glorias. Críticas, fracasos y desconcierto. Pero, sobre todo, esperanza. Como cualquier jefe espiritual que ama a su pueblo con fuerza y desea enderezar sus caminos, ha tenido que llorar sus extravíos, su furia, su crítica y su maledicencia. Este libro viene pues a ser como el colofón que culmina la obra de Moisés, pero debe ser leído como fruto y condensación de un devenir que sobrepasa su obra, en la que los mejores de sus teólogos y sabios han reflexionado y dado testimonio de la madurez de un pueblo, lo que lo constituye en la predicación de un mensaje para su futuro. El Beato Padre Pedro Poveda, que eligió para dirigir la Institución Teresiana, en tiempos aciagos, a Josefa Segovia, trazó un retrato muy elogioso de su persona, pero opino que, como buen pedagogo que era, aunque destacó las virtudes de la Primera Directora, lo que pretendió es dejar a las futuras teresianas, el espejo y el modelo en que debían mirarse. Algo semejante ocurre con el Deuteronomio.

2. «El Señor se enamoró de vosotros, por puro amor de él» Deuteronomio 7,6. Ni eran los más poderosos ni los más numerosos de la tierra conocida. No tenía ningún motivo que alegar para probar la predilección de Dios y su elección. Dios ama porque ama. Dios crea el amor. Porque sabe que puede romper el cántaro, reconstruirlo, embellecerlo. Dios es como un maestro que tiene sabiduría de sobra para enseñar a su pueblo y suplir sus ignorancias y elevarle de nivel de sabiduría, hasta por ósmosis, por la acción del Espíritu Santo. Dios por Jesús, amó a su pueblo, ¿no lloró antes de morir, a la vista del Templo de Jerusalén, símbolo de su identidad? (Lc 19,41). Principalmente lloraba por su ciudad, pero también por todos los pueblos de la tierra, a quienes tenía que alcanzar la Redención.

3. Pero a la vez que les manifiesta esta declaración de amor, eleva con ella al pueblo. Sí, ya se que el pueblo zafio y primitivo no va a apreciar esa elección y se va a prostituir con otros ídolos, pero al menos, alguien comprenderá y será agradecido. Diez justos pudieron salvar a Sodoma. Y desde luego, para todos es un estímulo saber que Dios le ha preferido, le ha amado, le sigue amando. Esa fidelidad seguramente le llenará más y le reconducirá a Dios, más que la recriminación y el castigo.

4. Y para que entre por los ojos de sus hijos, Dios actúa como cualquier muchacho enamorado. En los jardines y en los árboles más gruesos, hemos visto cientos de veces dos iniciales dentro de un corazón roto por una flecha. ¿Quién puede medir la tensión apasionada con que fueron taladrados aquel corazón y aquellas iniciales y aquella flecha? Allí se encerraba toda una vida, toda una ilusión, todo un enamoramiento, que después de haber sido dicho y manifestado con ardientes palabras, no se ha saciado y lo graba, lo esculpe, lo deja allí a la vista de todo el mundo. El muchacho o la muchacha han escrito allí con sangre su amor.

5. Cuando el mundo se había enfriado, Dios llamó a una mujer visitandina en Paray-le- Monial y le enseñó un corazón, como aquel del árbol, pero éste vivo, y con una llaga ancha y profunda, chorreando sangre y coronado de espinas y en el terminal de la aorta una hoguera llameante. Y a la vista de ese corazón salido de su pecho, le dijo estas palabras: «Mira el corazón que tanto ha amado a los hombres y que a cambio sólo recibe de ellos, ofensas, injurias y pecados. ¿Quieres consolarlo tú?». Estas fueron las palabras del Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque. El Vicario de Cristo encargó a la Compañía de Jesús con el Padre Claudio de Lacolombiere, director espiritual de la Santa, predicar y extender la devoción al Sagrado Corazón.

6. «Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» Mateo 11,25. Como los semitas, sitúa Jesús la fuente de la vida emotiva, afectiva y sentimental en el corazón. Y en el suyo vive la mansedumbre, contraria a la cólera y al frenesí y a la aspereza. Ha querido describir una antítesis entre la persona y actitud de los jefes religiosos de Israel y la suya propia, tan humana y humilde y misericordiosa. Vive también la humildad, contraria igualmente al modo de proceder altanero y soberbio de los fariseos que, se las sabían todas, y que juzgaban al pueblo, no ya como un menor de edad, sino como unos malditos: «Esos malditos que no conocen la ley» (Jn 7,49). Y su magisterio estaba lleno de soberbia, y no buscaba otra cosa que «la vanagloria de su sabiduría unos de otros» (Jn 5,44); de donde nacía el despotismo y las palabras ásperas e iracundas con que trataban a las gentes que no admitían sus mandatos y que iban por otros caminos, como Jesús, a quien odiaban porque no se sometía a sus interpretaciones y a su visión religiosa, que ellos creían infalible. Junto a este defectos pecaban de pormenizadores y minuciosos. «Que no es nada quisquillos mi Dios», decía la Santa de Ávila. «Colaban el mosquito y se tragaban el camello». Era un contrasentido su magisterio: «Están sentados en la cátedra de Moisés, pero no hagáis lo que ellos hacen» (Mt 23,3). Orgullosos y autosatisfechos de su ciencia, su rabinismo secaba el alma, quedaba en obras exteriores, era incapaz de entusiasmar. Por el contrario, aceptando el yugo del Señor, se hace ligera la carga y suave el yugo, porque el evangelio, promovido por el Espíritu Santo, es descanso del alma. Lo duro se ablanda, lo tieso se enternece, el amor todo lo allana. «Donde se ama, no se trabaja y si se trabaja, se ama el trabajo». El Espíritu de Jesús y del Padre lava lo que está manchado, pone paz donde hay guerra, hace humilde al soberbio, en fin llena a la persona del Espíritu de Cristo. Hay personas que piensan ser de Cristo, pero no tienen sus sentimientos de reconciliación y misericordia, amor y dulzura, paciencia y magnanimidad. A los tales, les dice San Pablo: «El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de él» (Rm 8,9).

7. Creo que es oportuno que nos preguntemos, si nuestra práctica religiosa, no ha decaído en el rabinismo, porque entonces tendríamos la explicación de la esterilidad de la comunidad cristiana, sobre todo, en cuanto a vocaciones de consagrados. Me da la impresión de que se ha hecho una religión tan lif, que ha perdido su mordiente y atractivo. Se ha relegado al Espíritu Santo a la sombra. La doctrina del Concilio y las Encíclicas de los Papas, sobre todo de Juan Pablo II, yacen empolvadas en los archivos y la doctrina primorosa, se predica en muy limitados círculos eclesiales. La delicadeza del amor de Cristo, la herida de su costado, las filigranas del amor, están demodés, y a todo lo que se aspira es a tener un neófito más: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mares y tierras para hacer un prosélito y, cuando llega a serlo, lo hacéis hijo de la gehena dos veces más que vosotros» (Mt 23,15).

8. No podía ser de otra manera. Si Dios es amor, y Jesús es la encarnación del amor movido por el Espíritu Santo, que es el Amor personal de ambos, que los textos de la liturgia del Corazón de Jesús, no respirasen amor que dilata el corazón, y nos ambienta en el Espíritu y en su Ley de amor, que es la única que nos engrandece, y no las vanidades y los títulos. La dureza no cabe en el amor de Cristo, ni el espíritu de revancha, ni la llamada «placer de dioses», la venganza, la represalia, el desamor, la envidia, el odio, y el espíritu de carne del amor propio y del resentimiento. Claro que hay que luchar porque en nuestro interior hay dos fuerzas antagónicas que guerrean: la de la carne y la del Espíritu, como señala San Pablo: «La carne lucha contra el espíritu, y el espíritu contra la carne…Y las obras de la carne son manifiestas: fornicación, impureza, lujuria, idolatría, hechicería, enemistades, disputas, celos, iras, disensiones, divisiones, herejías, envidias, homicidios, embriagueces y otras cosas semejantes» (Gal 5,17).

7. También la 1ª carta de San Juan, que tras la afirmación maravillosa de «Dios es amor», que se manifestó en enviar a la cruz a su Hijo, y que el que ama es de Dios, y el que no ama, no ha conocido a Dios deduce de ese principio fundamental que nos debemos amar unos a otros. Cuando San Pablo le advierte a su discípulo Timoteo: «No impongas a nadie las manos sin la debida consideración, para no hacerte partícipe de los pecados ajenos» (1 Tim 5,23), se refería a que la predicación de la palabra y el gobierno de las almas necesita madurez, más que años, de experiencia de Cristo y de su amor, y larga labor y asidua del Espíritu Santo. En consonancia con estas experiencias, el P. Garrigou Lagrange aporta este refrán: «Los novicios, parecen santos, y no lo son. Los padres jóvenes, ni lo parecen, ni lo son». Refiriéndose a la visión plena del misterio de Cristo y a la maduración bajo la cción de su Dones y la donación de sus frutos. Y termina San Pablo diciendo en otro lugar: «Que no sea neófito, no sea que dominado por el orgullo venga a caer en la condenación del diablo» (1 Tim 3,5). ¡Cuántos se habrán apartado de la Iglesia por la poca preparación y madurez de los cristianos! ¡Y cuántos no han dado todo el rendimiento a la comunidad eclesial por la escasa humildad de los que se colocaron en primera línea, cuando debieron quedarse en la penumbra de la oración de principiantes, y se colocaron como Nicodemo como maestros de Israel, sirviendo sólo como herreros o devastadores y se metieron a tallistas sin tener preparación ni experiencia para ello, como dice San Juan de la Cruz en su Llama de amor viva!!

8. Y, como colofón de la doctrina del amor, que nos llena de esperanza filial, leemos hoy el salmo 102: «La misericordia del Señor dura siempre, no es voluble, hoy te quiero, ya no te quiero, porque es compasivo y misericordioso». Corazón de Jesús en Vos confío. En tu amor eterno. Amén.

 

JESUS MARTI BALLESTER
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PROMESAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

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He aquí las promesas que hizo Jesús a Santa Margarita, y por medio de ella a todos los devotos de su Sagrado Corazón:
 
1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.
2. Pondré paz en sus familias.
3. Les consolaré en sus penas.
4. Seré su refugio seguro durante la vida, y, sobre todo, en la hora de la muerte.
5. Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.
6. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.
7. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente, el Océano infinito de la misericordia.
8. Las almas tibias se volverán fervorosas.
9. Las almas fervorosas se elevarán a gran perfección.
10. Daré a los sacerdotes el talento de mover los corazones más empedernidos.
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón, y jamás será borrado de El.
12. Les prometo en el exceso de mi misericordia, que mi amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulgaren por nueve primeros viernes consecutivos, la gracia de la perseverancia final; no morirán sin mi gracia, ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su seguro refugio en aquel momento supremo.
 
Las condiciones para ganar esta gracia son tres:
1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción.
2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.
3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.