Festividad de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli

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La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, pertenece a la Escuela Sevillana, taller de Juan de Mesa o alguno de sus discípulos: Luis de la Peña o Francisco de Ocampo.

Tallada en la primera mitad del siglo XVII en Sevilla, fue llevada por los Capuchinos a la plaza fuerte de Mehdía o Mámora (Marruecos), para culto de los soldados españoles. En Abril de 1681, cae prisionera de los moros, la arrastran por la calles de Mequinez, y la rescatan los Trinitarios, llegando a Madrid en el verano de 1682.

Llega con fama de milagrosa. Ese mismo año se organiza la primera procesión a la que asiste el “todo Madrid”, pueblo fiel, nobleza y casa real. Desde entonces todos los años, en la gran romería del primer Viernes de marzo, asiste algún miembro de la familia real a rezar al Nazareno.

Debido a diversos avatares históricos, la imagen ha recorrido varias iglesias de Madrid y en los años 1936-1939 fue trasladada a Valencia, Cataluña y Francia, para terminar en Ginebra (Suiza), participando juntamente con todo el tesoro artístico español, en una gran exposición de arte en el Palacio de la Sociedad de Naciones. Terminada la contienda española regresará a su iglesia de la plaza de Jesús, en Madrid, donde es visitada continuamente por sus fieles y seguidores.

Los viernes son días especiales para venerarla. La Iglesia recuerda en ese día la pasión y Muerte de Cristo, y desde el principio se vio que los madrileños se acercaban, ese día en mayor número a reconciliarse con Dios, a participar en la eucaristía y a besar su pie. La Efigie representa el momento en que Pilatos, dirigiéndose al pueblo judío, le dice: “Ecce Homo, he aquí al Hombre” . El Viernes Santo nuestro Cristo devuelve la visita a los madrileños en una emocionada e impresionante procesión que presencia medio millón de personas.

El Papa Pablo VI el día 1 de septiembre de 1973 elevaría a Basílica Menor la iglesia de Nuestro Padre Jesús. Cuando al año siguiente le regalaron una reproducción de la imagen, el Papa la besó, y dijo: “Que el beso del Papa a esta imagen de N. P. Jesús, lleve la bendición a cuantos la besan y veneran en Madrid.”

“No es devoción falsa y loca traer besos en la boca nacidos del corazón”, cantó el poeta. El beso es manifestación de amor. El beso de los fieles a la imagen de N. P. Jesús no es falsa devoción; es la prueba externa de un amor que llevan muy dentro. Las colas interminables para besar a Jesús nos recuerdan las escenas evangélicas de las multitudes que “querían ver y tocar al Señor”.

Jesús sigue dejándose besar y tocar por los afligidos, por los tristes, por los necesitados: “venid a mí todos los que estéis fatigados y Yo os aliviaré” (Mt,11,28). Por supuesto, la amistad con el Señor es condición indispensable para ser escuchados

Recontando de alguna manera las promesas que se formulan ante la imagen con la advocación del Cristo de Medinaceli, así como el número de devotos que a lo largo del año lo visitan en su Basílica regida por los Padres Capuchinos y también, y de modo muy significativo, las donaciones que acoge, fruto y consecuencia de agradecimientos por los favores recibidos, es obligado llegar a la conclusión de que el Cristo de Medinaceli se alza en la cúspide de la devoción popular en Madrid y en toda su Comunidad, en buena parte de España y aún de la Iglesia universal.

La basílica-santuario del Cristo de Medinaceli es de las más visitadas en la geografía de las devociones religiosas, siendo también la imagen de este Cristo de las más representativas de la piedad popular. Aún entre quienes nunca o raramente se manifiestan creyentes y quienes durante gran parte de su vida apenas si recuerdan sus principios religiosos, al Cristo de Medinaceli se le suele hacer presente en momentos cumbres sobre todo de sus necesidades y desdichas. La fe en el Cristo de Medinaceli jamás abandonará a muchos, a los que cierta interpretación teológica y sobre todo los cánones hayan dictaminado el exilio del seno de la Iglesia católica. Es tanta y tan religiosa la popularidad del Cristo de Medinaceli que con dificultad puede hallarse un madrileño que no tenga, o haya tenido, alguna estampa del mismo.

La imagen del Cristo es de la primera mitad del siglo XVII, con 1,73 metros de altura. Fue tallada en Sevilla, lo que explica que su iconografía es la correspondiente a los Cristos llamados “de la Sentencia”. Es dudosa la autoría de la imagen y, mientras que unos se la atribuyen a Luis de la Peña, los más se la adscriben a Francisco de Ocampo. La imagen se realizó por encargo de la comunidad de los Padres Capuchinos de Sevilla, quienes la llevaron a la colonia española de Mámora en el norte de África. El padre franciscano Fray Francisco Guerra, y el Obispo de Cádiz a cuya jurisdicción eclesiástica pertenecía esta plaza africana llamada por los españoles San Miguel de Ultramar, intervinieron directamente en su traslado. Hay constancia documentada de que en el año 1681 la imagen era venerada en la referida plaza.

Y aconteció que el día 30 de abril de 1681, Mámora cayó en manos de Musley Ismael y su ejército y la imagen del Nazareno fue también capturada y llevada a Mequínez. La historia refiere que el reducido ejército español, del que eran capellanes los padres franciscanos, no habían podido resistir la presión de los 80.000 soldados musulmanes, por lo que les fue fácil a -,stos hacerlos prisioneros. La historia atestigua asimismo que en Mequínez, y por orden expresa del Rey Muley, la imagen fue arrastrada por sus calles en señal de odio contra la religión cristiana y hasta algunos aseguran que, como si se tratara de carne humana, fue arrojada a los mismos leones… Exactamente en un muladar la imagen fue vista por el Padre de la Orden de la Santísima Trinidad, Fray Pedro de los Ángeles, quien, arriesgando su vida y presentándose ante el mismo rey, solicitó el rescate de la imagen como si se tratara de un ser vivo. Se dice que el rey le permitió al padre trinitario custodiar la imagen, hasta que reuniera el dinero para su rescate, amenazándole que, de no hacerlo así, lo quemaría a él y a la imagen.

El Padre General de la Orden mandó a los Padres Miguel de Jesús, Juan de la Visitación y Martín de la Resurrección que se encargaran de servir de mediadores en la solución del problema y estos lograron convencer al rey Muley de que tasara el rescate de la imagen pagando su peso en oro. La leyenda activa sus recursos y se asegura que la balanza se equilibró exactamente cuando se acumularon treinta monedas. Una y otra vez efectuada esta operación, el resultado fue siempre idéntico, con lo que el recuerdo del episodio evangélico en el que Cristo mismo apareció valorado en esas 30 monedas resultaba milagroso.

La primera advocación popular con la que consta que fue invocada la imagen del Cristo fue la de “Jesús

del Rescate”. Ya el 28 de enero de 1682, día de la constitución de la “Real Esclavitud”, hay referencias de una Comunión General «en memoria de haber sido en el que quedó por propia de la Religión y enegenada de los infieles de la Santísima imagen de Jesús».

La imagen, ya rescastada, pasó después a Tetuán, de allí a Ceuta, y por Gibraltar a Sevilla, hasta llegar a Madrid, siendo entronizada en el convento de los Padres Trinitarios Descalzos, junto al que en 1689 se le erigió una capilla, donación de los Duques de Medinaceli, que posteriormente sería ampliada y enriquecida por los mismos duques. A consecuencia de las primeras leyes de supresión de las órdenes Religiosas dictadas por José Bonaparte, la imagen del Cristo pasó al convento de los Padres Basilios y posteriormente a la iglesia parroquias de San Martín. El día 17 de octubre de 1814 volvió de nuevo al Convento de los Padres Trinitarios donde permaneció hasta el decreto de Desamortización firmado por Mendizábal en 1836. Por él la imagen volvió otra vez a peregrinar por Madrid, en esta ocasión hacia la iglesia de San Sebastián en la que permaneció diez años cuando, gracias a la influencia del Duque de Medinaceli, volvió a la capilla del antiguo convento de Trinitarios, regentado entonces por las Religiosas Concepcionistas de Caballero de Gracia y después por las Agustinas y las Carmelitas de Santa Ana.

Fue en 1890 cuando, al derribarse el convento de los Capuchinos de San Antonio del Prado, sus patronos, los duques de Medinaceli, pensaron instalar definitivamente en su nueva capilla la imagen del Cristo. Esto acontenció el día 8 de julio 1895, interviniendo en la donación la Duquesa Madre de Medinaceli Doña Casilda Salabert y Arteaga.

Pero, si habían sido tantos y tan angustiosos desplazamientos los que había tenido que padecer la imagen de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, aún habían de afrontar otros igualmente dolorosos. Estos coincidieron con la Guerra Civil. Ya el día 13 de marzo de 1936 los devotos y vecinos del convento lograron impedir que la imagen fuera destruida al presentarse en el templo un piquete de revolucionarios con tales intenciones. En la noche del 17 de julio del mismo año los frailes ocultaron la imagen en una caja de madera, y envuelta en sábanas, en los sótanos del convento. Alojándose en el mismo el batallón republicano conocido con el sobrenombre de “Margarita Nelken”, y para mitigar el frío del invierno madrileño que allí padecían sus tropas, al buscar unas tablas para calentarse se encontraron con la sorpresa de la caja que contenía la sagrada imagen… Al comprobar Juan Manuel Oliva, jefe

del batallón, “a las cuatro de la tarde” que se trataba del Cristo de Medinaceli, no sólo por motivos artísticos, sino también religiosos, entregó la imagen a la “Junta del Tesoro”, que la trasladó bien pronto a la ciudad de Valencia, concretamente al Colegio del Patriarca. En marzo de 1938 fue transportada a Barcelona y, antes de ser conquistada por los “nacionales” esta ciudad el día 3 de febrero de 1939, fue trasladada con todo el Tesoro Artístico a la ciudad suiza de Ginebra, a la que llegó el día 12 de febrero.

Cuando terminó la guerra y fue recuperado el Tesoro, Don Fernando Álvarez de Sotomayor, representante del nuevo Gobierno español, consiguió que la imagen del Cristo saliera de Ginebra el día 10 de mayo de 1939, siendo

esperada con toda devoción en Pozuelo de Alarcón, pueblo cercano a Madrid. En su estación de ferrocarril fue recibida con honores militares y de ella se hizo cargo la Junta de la Real Esclavitud, llevándola a Madrid, momentáneamente al monasterio de la Encarnación.

La víspera de la festividad de San Isidro, el día 14 de mayo, todo el pueblo de Madrid se organizó en solemne procesión acompañando la imagen hasta el altar de su templo en el que siguió recibiendo el culto y la venera ción de multitud de devotos. Siempre, pero sobre todo los viernes del año, y más desbordantemente el primer viernes de marzo, son incontables las personas que acuden a venerar al Cristo de Medinaceli, para lo que han de aguantar largas horas de espera y de incomodidades aún climatológicas, hasta conseguir besarle el pie y formularle las tres peticiones rituales.

La procesión que a las siete de la tarde comienza a recorrer las calles de Madrid con la imagen del Cristo el Viernes Santo y que organiza la “Archicofradía Primaria nacional de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno” es ciertamente espectacular y en ella son muchos los que le expresan sus muestras de devoción, agradecimiento y sacrificio de múltiples maneras, rozando algunas de ellas hasta los límites de lo esperpéntico a veces, y otras, de los sacrificios cruentos.

En el templo-basílica del Cristo de Medinaceli, y entre sus muchos recuerdos referidos a Cristo, hay que mencionar la vidriera de su gran ventana en la que se representa una Apoteosis del Cristo titular,

con varias escenas de la historia de la imagen. El artista Santiago Padrós Elías dejó su huella piadosa en varios mosaicos que representan escenas de la devoción del pueblo de Madrid a su Cristo. Por todo el templo están distribuidas varias vidrieras también con escenas de la historia de la devoción al Cristo.

Hay que resaltar que entre los madrileños la devoción al Cristo de Medinaceli va en aumento, pese a la llamada cultura “a” o “anti” religiosa, que en tantos frentes de la vida parece imponerse. Ala Esclavitud de Nuestro Padre Jesús, fundada en 1710, perteneció gran parte de la nobleza española incluidos los miembros de la Casa Real y el Duque de Medinaceli, que ostentó siempre el título de Hermano Mayor. En la actualidad son unos 8.000 los miembros inscritos, con mención también para tantas otras Esclavitudes filiales registradas en muchas otras partes de España y aún del extranjero.

Antonio Aradillas y José María Migo

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Via Crucis Teresianos, de las carmelitas descalzas de Cádiz

Originalmente publicado en Para vos nací:


vc--Estos dos Vía Crucis  han sido realizado por las Carmelitas Descalzas de Cádiz con motivo del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús (1515-2015). Así los presentan ellas:

En este año en que celebramos el V centenario del nacimiento de nuestra santa madre, Teresa de Jesús (1515-2015). Desde la humildad y sencillez de nuestro apostolado de oración nos ha parecido que la elaboración de los vía crucis (tradicional y bíblico) con meditaciones de Santa Teresa es un medio idóneo para hacerla presente en la vida de oración de nuestra diócesis, con el propósito de que pueda ayudarnos a todos, consagrados y laicos, a profundizar en nuestro trato de amistad con Dios, ya que el ejemplo de nuestra Santa Madre es muy elocuente para penetrar en la sagrada Humanidad de Cristo, y así nos lleva a interiorizar en esta oración la revelación que Jesús ha hecho de sí en el Evangelio…

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Jesucristo es nuestra esperanza porque ha resucitado 1

Originalmente publicado en Contracorriente:

guerra camposAtendiendo a la petición de la Junta Diocesana de Acción Católica, que ha querido que en esta primera semana de Cuaresma dijese algo provechoso para nuestra vida de fe, he pensado hablar de Jesucristo como nuestra esperanza, pero afirmando ya desde el título que Jesucristo es nuestra esperanza porque ha resucitado. Desde el comienzo invito a valorar el realismo impresionante de nuestra fe y de nuestra esperanza cristianas, porque hay muchas esperanzas que apenas son más que expresiones de aspiraciones o de proyectos, sin ninguna realidad presente, mientras que la esperanza cristiana se funda en algo que es ya la realización prototípica y garantizadora de lo que esperamos.
Los cristianos creemos -y casi debería resultar increíble para nosotros mismos, porque es un milagro- que Jesucristo, el mismo que nació, vivió y murió hace veinte siglos, ha resucitado y que, con su cuerpo glorificado, nos acompaña sin limitación de tiempos ni…

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Meditación 36: el “Magníficat” IV

Originalmente publicado en Contracorriente:

ildefonso rodriguez villar1º «Hizo obras poderosas con su brazo». -Aquí ensalza la Santísima Virgen el poder de Dios, que se manifiesta especialmente en algunas de sus obras. -Todas son fruto de ese poder infinito de Dios, pero en algunas se manifiesta más claramente esa omnipotencia. -Miraría la Santísima Virgen los Cielos, y vería las estrellas inmensas luminosísimas…, incalculables en su número con una vida y movimiento incesante… en medio de un orden sapientísimo. -¡Qué obra más hermosa, el Cielo de las estrellas para ver en ellas la omnipotencia de Dios! -¿Y la tierra?…, con sus plantas y animales…, con sus valles y sus montes…., con sus tíos y sus mares…, etc. -Recorre con tu imaginación todo y pregunta: ¿no será esto obra del brazo poderoso de Dios? -¿Quién, sino Él, podría concebir ni hacer algo semejante?
Y veda el hombre… y a los ángeles… y a toda la corte lucidísima que rodea…

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El Papa recibe la Pontificia Academia por la Vida y les recuerda la importancia de desarrollar los cuidados paliativos

Originalmente publicado en La voz de la Iglesia:

”Los cuidados paliativos expresan la actitud humana de cuidar unos de otros, especialmente de los que sufren y atestiguan que la persona es siempre preciosa, también cuando es anciana o está enferma.La persona, en cualquier circunstancia, es un bien para sí misma y para los demás y Dios la ama. Por eso cuando su vida se vuelve muy frágil y se acerca el final de la existencia terrenal, sentimos la responsabilidad de asistirla y acompañarla de la mejor manera”, dijo el Papa recibiendo esta mañana en audiencia a los miembros de la Academia para la Vida, con motivo de su asamblea general dedicada al tema ”Asistencia al anciano y cuidados paliativos”.

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#PapaFrancisco: donde los ancianos no son respetados, los jóvenes no tienen futuro

Originalmente publicado en Lanza de Dios BLOG:

El Santo Padre retoma las audiencias de los miércoles y dedica su catequesis a los ancianos. ‘La medicina ha prolongado la vida pero nuestras sociedades no han ensanchado el corazón a esta realidad’

franciscoCiudad del Vaticano, 04 de marzo de 2015 (Zenit.org) Rocío Lancho García | 34 hits

El papa Francisco ha retomado este miércoles las catequesis de la audiencia general dedicadas a las familias. Después de la ausencia de la semana pasada debido a los ejercicios espirituales que realizó junto a la Curia fuera del Vaticano, esta mañana el Papa ha salido nuevamente a la plaza de San Pedro a saludar a los fieles.
Miles de personas llegados de todas las partes del mundo, han recibido con entusiasmo a Francisco, quien ha recorrido los pasillo saludando y bendiciendo a los presentes. Como es costumbre, le acercaban hasta el jeep a los niños más pequeños a quienes tomaba entre sus…

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TRABAJAR BUSCANDO SÓLO A DIOS

Originalmente publicado en AL ASALTO DEL CIELO, desde el Monasterio de el Pueyo de Barbastro:

Este es un hermoso escrito de Don Orione hablando de la rectitud de intención: ¡solo Dios! Todo por Dios solo y trabajar bajo su mirada. Como dice él, aquí está la suma de la perfección. Esto es particularmente para los monjes, quienes, por oficio, solo a Dios deben buscar, alcanzar y amar.

San Pedro Nolasco, con la vista y el corazón "solo en Dios" San Pedro Nolasco, con la vista y el corazón “solo en Dios”

“Ayer me encontraba en la habitación de un buen sacerdote y allí cayó mi mirada sobre estas palabras: ¡Dios solo!

Mi mirada en aquel momento estaba llena de cansancio y de dolor, y la mente meditaba en tantas jornadas plenas de actividades como la de ayer, y por encima del torbellino de tantas angustias, y del sonido confuso de tantos suspiros, me parecía que estuviese la voz afable y buena de mi ángel: ¡Dios solo!, alma desconsolada, ¡Dios solo!

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