Domingo I de Cuaresma

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En el primer texto (Gen. 9, 8-15) Dios nos ofrece su perdón.

Presentada con un ocurrente ropaje literario -adaptado a la mentalidad de los pueblos primitivos a los que inicialmente iba destinada la Revelación- aparece la clara voluntad de Dios de ofrecernos su perdón, cuantas veces se lo pidamos con sincero corazón.

Ninguno podrá decir con verdad aquello de D. Juan Tenorio: “Llamé al cielo y no me oyó”.Dios, como Padre que es, siempre oye nuestras súplicas. Disposición divina que nos produce una grandiosa tranquilidad espiritual.

San Pedro (2ª lectura, 1ª Pe. 3, 18-22) alude también a la tabla de salvación que Dios ofrece a los humanos a través del sacramento del Bautismo. El agua bautismal que se derrama o cubre al bautizando, según los ritos, es la escenificación de la misericordia de Dios limpiando por dentro a quien lo recibe. El bautizado adulto comienza una nueva vida, la vida según el plan de Dios voluntariamente aceptado por el nuevo cristiano.

Jesús, (3ª lectura, Mc. 1, 12-15) nos ofrece los remedios para mantener “viva” esa nueva vida alcanzada mediante el Bautismo o, si ha habido algún fallo posterior, recuperada por medio del sacramento de la reconciliación.

La vida biológica es una buena maestra a la hora de enseñarnos sus recursos: la vida para subsistir necesita alimento y descanso.

La poca alimentación, la desnutrición, es causa de debilidad, de falta de fuerzas. Igualmente sucede con el descanso. Es imprescindible saber “parar” todos los díasalgunas horas para dedicarlas a él. Alimentarse y dormir son absolutamente imprescindibles. Cualquier ahorro de estos dos elementos es pernicioso, porque mina las fuerzas para enfrentar los demás asuntos de la vida.

Exactamente igual sucede con la vida espiritual. Si no la mantenemos fuerte, las preocupaciones mundanas irán calando más y más hondo en ella hasta convertirla en algo exclusivamente intra-mundano y, en más de una ocasión, por causa de los vicios, en perturbadora de la convivencia.

Jesús nos ofrece algunas importantes orientaciones al respecto.

En el texto que hemos leído aparece una. Se retira, esta vez al desierto, en otras lo hace al monteEs decir, sabe sacar ratos de soledad para reflexionar sobre el gran asunto que trae entre manos: qué está Él haciendo en el mundo, a qué ha venido.

Estar sobre ello, hacernos también nosotros esas mismas preguntas, nos es imprescindible, si luego queremos tener una base sólida para enfrentar los obstáculos que aparecerán a lo largo de la vida, tratando de “engullirnos” en su mundana pegajosidad. Solo sabiendo para qué estoy yo en el mundo sabré actuar convenientemente en cada momento y situación. Seneca decía que no hay viento favorable para quien no sabe a dónde va.

El relato de la permanencia de Jesús en el desierto que nos hacen Marcos y Lucas es más amplio y en él aparecen otras dos grandes enseñanzas.

Una: señalarnos la universalidad de las tentaciones experimentadas por Jesús, otra, la correcta forma de enfrentarnos a ellas para vencerlas.

Dos enseñanzas de total aplicación a todos nosotros.

No olvidemos que Jesús quiso ser en todo semejante a nosotros precisamente para podernos orientar con su ejemplo. Sus respuestas son los “referentes” de nuestra actuación ante las mismas circunstancias. Veamos, pues.

El “enemigo” le ofreció pan para distraerle de la austeridad e introducirle en el egoísmo: tú llena el vientre y déjate de preocupaciones salvadoras.

El enemigo le ofreció convertirse en “espectáculo”. Nada de vida sencilla, satisface tu vanidad y que todo el mundo te admire.

El enemigo le ofreció poder. Nada de entregarte a los demás, domínalos y enséñales quien es el que manda.

Tras el primer recurso, que era buscar tiempos de soledad para reflexionar, el segundo sería, hacer frente a las tentaciones desde un primer momento. Nada de coquetear con ellas porque son muy seductoras. Como afectan a dimensiones muy profundas en la realidad humana, todavía muy poco evolucionada, afloran fácilmente; podría decirse que están muy a flor de piel. Enseguida surge la violencia, el egoísmo, las argucias, etc. involucionándonos hacia el animal que todavía hace muy poco éramos. Eso hace que sea muy peligroso darles la mínima ayuda. No retirarlas inmediatamente es echar leña al “fuego animal” todavía muy vivo dentro de nosotros.

No olvidemos que solo hace 3.000 años antes de Cristo cambia la edad de la nueva piedra, neolítico, por la de los metales. En la historia de la evolución este tiempo es insignificante. La evolución comenzó muy probablemente hace 13.700 millones de años. 6 o 7 mil años son nada en el proceso evolutivo, un par de lunas, que dirían los indios. Por eso el “animal” que también somos, nos es tan peligrosamente cercano con sus exigencias.

Un tercer recurso es conseguir una suficiente formación religiosa.

Jesús va rebatiendo con textos bíblicos las diferentes argumentaciones del mal. La tentación le sugiere: “Dice la Escritura”Jesús SABE contestar rebatiendo la astucia del mal: también dice la escritura, y ofrece una respuesta sabia.

Es muy importante haber alimentado nuestra formación religiosa “desanclándola” de las cuatros historietas que nos contaron cuando, siendo niños, acudíamos a la catequesis. El contenido dogmático de la Revelación es mucho más sólido y profundo que aquello que conocimos entonces. Actualizarlo es imprescindible. Muchas consideradas dificultades o dudas de fe son en realidad, perdonadme, carencia de conocimientos sólidos.

El progresivo avance de este santo tiempo nos irá ofreciendo recursos para dominar las tentaciones de todo tipo, de modo y manera que quedemos sólidamente preparados y dispuestos para que la Pascua de Resurrección sea para nosotros, ya en este mundo, una realidad palpable.

Busquemos algunos espacios para la reflexión, seamos rápidos en el rechazo de la tentación, buceemos en la lectura de los Evangelios y vida de Jesús y en la Pascua podremos sentirnos resucitados con Cristo para iniciar una nueva vida con Él.

Con ello habremos convertido en realidad para nosotros aquello que decíamos en el Salmo: “Tus sendas Señor son misericordia y lealtad para los que guardan tu Alianza.AMÉN

Pedro Sáez

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Via Crucis Sarcerdotal

Jesús ensangrentado

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ORACIÓN PREPARATORIA

Dios Padre todopoderoso, con la gracia del Espíritu Santo, quiero acompañar a tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, Sacerdote y Víctima, en el camino de la cruz y contemplar su ofrecimiento y entrega, su sacrificio y consagración para la santificación de los sacerdotes. Escucha mi oración por ellos y por cuantos se preparan para la ordenación sacerdotal, para que se ofrezcan y se entreguen, se sacrifiquen y se santifiquen y sean consagrados como “otros cristos”, y para que tu Iglesia reciba por medio de ellos vida y santidad. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

I Estación                                   Jesús, condenado a muerte

Jesús - Pilatos - Barrabás

Señor, hoy eres condenado en aquellos sacerdotes que son llevados al desprecio y algunos hasta la muerte. Concédeme que pueda reparar los ultrajes que recibes en ellos mostrando respeto, obediencia y amor al sacerdocio que les has confiado.    Padre nuestro, Ave María y Gloria.

II Estación                                      Jesús carga con la cruz

Jesús abrazado a la Cruz

Al abrazar la cruz asumiste la carga que habrían de llevar tus sacerdotes. Señor, que su cruz le resulte soportable, gracias a ti y a la tuya, puesto que la cruz es y será siempre marca y garantía del sacerdocio que fue consumado en tu cruz y que se cumplirá en ellos.    Padre nuestro, Ave María y Gloria.

III Estación                                          La primera caída

Jesús con la Cruz acuestas

Bajo el peso del madero y oprimido contra el suelo, te levantas, Señor. No dejes caer a tus sacerdotes, cargados también con nuestras miserias. Alienta sus desfallecimientos y protege a cuantos se disponen a recibir el sacerdocio para que lleguen contigo hasta el altar.    Padre nuestro, Ave María y Gloria.

IV Estación                               Jesús encuentra a su Madre

María encuentra a Jesús - Via Crucis

Madre, tu mirada alivió el sufrimiento de Cristo Sacerdote que subía hasta el Calvario. Haz que nuestra vida santa estimule a los sacerdotes en su fidelidad y que los seminaristas se mantengan en su vocación bajo tus ojos misericordiosos.    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

V Estación                                    El Cireneo ayuda a Jesús

Jesús - Cirineo

Buscaron a uno que te ayudara a llevar la cruz hasta el final. Señor, que cuando el peso de su cruz oprima a tus sacerdotes hasta sentir que no pueden llegar hasta el final, concédenos cargar también nosotros con la cruz y llegar todos hasta tu altar.    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

VI Estación                       La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Jesús y la Verónica

La mujer que enjugó tu rostro se quedó con tu “verdadero icono” entre sus manos. Como tú eres figura del Padre, los sacerdotes son imagen tuya en la Iglesia. Jesús, que nuestra oración les ayude a configurarse contigo, y marca tu imagen también en nuestro corazón.    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

VII Estación                                        La segunda caída

Caída de Jesucristo

Señor, de nuevo caes bajo el peso de la cruz y de nuestros pecados. Pero con amor te levantas con la presteza del buen pastor. Que tu fortaleza, y la confianza que ellos han puesto en ti, levante siempre a tus sacerdotes ya que tú te has fiado de ellos.    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

VIII Estación                            Jesús consuela a las mujeres

Jesús consuela a las mujeres 

A pesar del sufrimiento y de la aflicción, te olvidas de ti mismo para confortar a aquellas madres y mujeres que sentían compasión por ti. Señor, único Maestro, que tus sacerdotes alcancen el olvido propio a favor de la porción de la Iglesia que se les ha encomendado.    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

 

IX Estación                                          La tercera caída

Vuelve a caer Jesucristo

Una vez más caes por tierra. Oh Jesús, cuando tus sacerdotes, fatigados y cansados por el esfuerzo apostólico, no puedan más, acuérdate de ellos para que, otra vez de pie, te sigan cada vez más de cerca. Recibe mi vida por ellos para que lleguen contigo hasta el Calvario.    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

X Estación                           Jesús es despojado de sus vestidos

Jesús despojado de las vestiduras

Te despojaron de tus vestidos, lo último que tenías. Señor, que los sacerdotes, como verdaderos discípulos tuyos, desprendidos y generosos en su vida, con tu palabra, en el culto y la santificación y con el cuidado pastoral santifiquen a sus hermanos.    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

XI Estación                                          La crucifixión

Jesús clavado

Has extendido dócilmente tus brazos sobre la cruz, que es expresión de tu amor y nuestro signo de salvación. Concede, Señor, a tu Iglesia, santos y sabios sacerdotes que nos estimulen de palabra y obra a apreciar y agradecer la cruz para la redención del mundo.    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

XII Estación                              Muerte de nuestro Salvador

Jesús muerto en la Cruz

Cristo, Sumo Sacerdote, en el altar de la cruz, has consumado tu ofrenda y has dado tu vida para que tengamos vida. Que tus sacerdotes transmitan tu vida al mundo, al participar de tu único sacerdocio. Dales la gracia para que sepan y quieran inmolarse cada día contigo.    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

XIII Estación                                        Descendimiento

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En tus manos virginales, Madre de Cristo Sacerdote, es depositada la Víctima inmolada, nuestro Señor, pastor y cordero. Guarda, Madre, a tus hijos sacerdotes, hasta que, consumado el sacrificio de sus vidas, puedas acogerlos y presentarlos, con Cristo, ante el Padre.    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

XIV Estación                                             Sepultura

Cristo Resucitado

Señor, tu Cuerpo queda en el sepulcro en la espera de la resurrección que llena de Vida y Santidad, la Pascua de la nueva creación. Que tus sacerdotes dejen con su vida una estela de gracia y de santidad para que podamos llegar hasta ti en la gloria.    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

 Padre Nuestro, Ave María y Gloria, por las intenciones del Papa.

 ORACIÓN FINAL

Oh Jesús, Sacerdote eterno que te ofreciste en la cruz al Padre como Víctima propiciatoria para nuestra redención y continúas ofreciéndote en el altar por medio de tus sacerdotes, santifícalos en la verdad para que, unidos a ti, Sacerdote y Víctima, en su servicio a la Iglesia nos santifiquen para gloria de Dios. Amén.

SEMANA DEL BUEN CRISTIANO: Sábado, día de Nuestra Señora la Virgen María

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Hoy Sábado, día consagrado a Nuestra Señora la Virgen María, no desaprovechemos la oportunidad de acudir a esta Buena Madre que tantas gracias nos obtiene de Dios.

Aquellos que sean devotos auténticos de la Virgen, llevan siempre con ellos el Bendito Escapulario del Carmen, como signo de entrega a la Señora de su alma y como escudo protector frente a los enemigos diarios; el Sábado es el día perfecto para renovar tu entrega a la Virgen Bendita y repetir la súplica que hacen todos aquellos que visten el Escapulario.

     Para realizar LA SABATINA, sólo toca aquí.

Adéntrate en tu propio desierto. Lectio Divina Domingo I de Cuaresma (Mc 1,12-15)

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VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mc 1, 12-15)

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».

Hoy la liturgia nos ofrece, para orar, un breve pero sustancioso texto. En él se nos relata el comienzo del ministerio público de Jesús. Dicho comienzo es una síntesis de lo que sería su misión evangelizadora.

Para una mejor comprensión del texto, vamos a dividirlo en dos partes.

1.- Jesús llevado por el Espíritu al desierto (12-13)

Marcos sitúa este pasaje a continuación del bautismo de Jesús. Después de este hecho el Espíritu conduce a Jesús hacia el desierto; de la misma manera, que condujo a su pueblo o a parte de su pueblo en la tradición veterotestamentaria.

El desierto, podemos decir, que no es únicamente, un lugar físico; El desierto está dentro de cada uno de nosotros. Es lugar de soledad, tentación, prueba… pero también es lugar de encuentro con el Dios protector que camina junto a su pueblo. Recordemos algunos de estos casos: Agar e Ismael, a ellos les envía a una misión nueva (Gén 16,7; 21,14), la experiencia del éxodo (Éx 15,22-ss.), Elías se encuentra con Dios (1Re 19). Por tanto, Marcos nos está advirtiendo acerca de las dificultades que Jesús tendrá en su misión, pero también de cómo el Padre nunca le abandonará: vivía entre las fieras, los ángeles le servían (Mc 1,13).

2.- La predicación de Jesús

Después de que Juan sea entregado, Jesús comienza su nuevo ministerio, su misión: el tiempo se ha cumplido (Mc 1,15). El inicio de su misión tendrá lugar en Galilea, un lugar un poco extraño, allí conviven judío y paganos. A ambos se dirigirá Jesús, ya no habrá distinciones. Y lo que les anunciará será la Buena Noticia de Dios, la buena noticia de la bondad de Dios, la buena noticia del amor de Dios.

El Reino de Dios ya se ha hecho presente entre nosotros, Dios ya ha comenzado a reinar. Nosotros hemos de acoger este Reino y adherirnos al mensaje que Jesús nos trae. Pero para ello es indispensable que nos convirtamos. Este proceso de conversión, de cambio de mentalidad y de corazón, es un camino que hemos de recorrer a medida que vamos conociendo e identificándonos más con Jesús.

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CAMINO – MEDITACIÓN

• ¿Qué versículo, frase o palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?

• En el desierto no tienes que hacer nada, simplemente estar, simplemente acompañar a Jesús; esto significa encontrarte con la soledad, encontrarte con tu propio yo y con tus miserias, con tu debilidad, con tus carencias y con todo aquello que no te gusta, con tu no saber qué hacer… Es encontrarte con todo aquello que quieres cambiar en tu vida y que tanto te cuesta; es salir de tu «zona de confort». Hazte consciente de ello, presentáselo a Dios y comienza a trabajar para cambiar todo aquello que en tu vida es un obstáculo para cumplir la voluntad de Dios.

• En un momento dado de la travesía del desierto te darás cuenta que los ángeles te sirven, te darás cuenta que la luz se hace presente, te darás cuenta del camino nuevo que debes emprender… Acoge este nuevo camino y ponte en marcha.

• Todo comenzó en Galilea. Seguramente, tienes tu propia galilea, esos lugares en los que de alguna u otra manera cada te has encontrado con Jesús, has hecho experiencia de Él. Nombra esos lugares. Saca las consecuencias necesarias de estas experiencias para integrarlas dentro de ese nuevo camino que quieres emprender.

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VIDA – ORACIÓN

• Adora a Dios en el desierto de tu propia vida por haberte conducido allí, para purificarte y encaminarte a cambiar tu estilo de vida.

• Da gracias porque en el desierto de tu vida, Dios envía a sus «ángeles» para que te acompañen y te sirvan.

• Ofrécele tu propio desierto y tu galilea para que Él transforme tu manera de estar en el mundo y te ayude a integrar las experiencias vividas.

• Pídele al Espíritu Santo que te ayude a conocer mejor a Jesús y adherirte a su manera de ver la vida desde el punto de vista del Evangelio.

Tu eres Hogar Nazaret: ¡COLABORA!

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Hogar Nazaret es una familia sobrenatural, nacida del sueño de Dios que demanda hombres y mujeres nuevos. Jesús vuelve dos mil años después a su hogar. Es una obra de misericordia de la Iglesia, que intenta restituir a los niños más pobres de entre los pobres, los derechos que les han sido vulnerados: derecho a la identidad, a la salud, a la familia, derecho a sentirse especiales y ser amados.

Cada niño es irrepetible, imprescindible, único, aceptados tal y como son, no se sienten juzgados. Aprenden habilidades de comunicación y relación. No buscamos que sean felices en un futuro, sino felices ahora, hoy. Los éxitos y la felicidad del otro, es la de todos.
El Hogar Nazaret no es tan solo un lugar donde crecen, es el pilar imprescindible para su entorno emocional, donde se forjará su personalidad, equilibrio interior y dominio de la voluntad.

Cuando entra un niño nuevo, se sorprenden por la acogida, generosidad, buen humor y actitud de servicio. Ya es un hermano más que debe afrontar retos, en los que no le permiten auto-compadecerse y ayudan a perdonar y perdonarse.
Según su edad asumen responsabilidades. Se tienen muy en cuenta sus opiniones, aspiraciones, deseos. Les pedimos sin miedo que tomen decisiones y asuman las consecuencias. Se saca más provecho de los errores que de los aciertos.
Los niños no son el futuro, sino el presente lleno de futuro.

Hogar Nazaret es el grito de Cristo en la cruz. Imposible no ver a Cristo entre los más pobres de los pobres y sentir su presencia.

Los sacerdotes de la Prelatura de Moyobamba, son los que desde sus comunidades y caseríos van detectando los niños que se encuentran en “situaciones especiales” y son ellos los que emiten una carta de garantía solicitando la admisión de los menores al Hogar Nazaret.