La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo… san Maximiliano María Kolbe

F.Obra Pequeños Servidores de la Misericordia Eucarística. Obra del Padre Claudio Bert

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“La inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas.”

San Maximiliano María Kolbe

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Festividad de San Maximiliano Kolbe

14 de Agosto

 

San Maximiliano Kolbe
Mártir
Año 1941

 

Maximiliano significa: “El más importante de la familia”.
Es este uno de los mártires modernos.

Murió en la Segunda Guerra Mundial. Había sido llevado por los nazis al terrorífico campo de concentración de Auschwitz.

Un día se fugó un preso. La ley de los alemanes era que por cada preso que se fugara del campo de concentración, tenían que morir diez de sus compañeros. Hicieron el sorteo 1-2-3-4…9…10 y al que le iba correspondiendo el número 10 era puesto aparte para echarlo a un sótano a morirse de hambre. De pronto al oírse un 10, el hombre a quien le correspondió ese número dio un grito y exclamó: “Dios mío, yo tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?”.

En ese momento el padre Kolbe dice al oficial: “Yo me ofrezco para reemplazar al compañero que ha sido señalado para morir de hambre”.

El oficial le responde: ¿Y por qué?

– Es que él tiene esposa e hijos que lo necesitan. En cambio yo soy soltero y solo, y nadie me necesita.

El oficial duda un momento y enseguida responde: Aceptado.

Y el prisionero Kolbe es llevado con sus otros 9 compañeros a morirse de hambre en un subterráneo. Aquellos tenebrosos días son de angustias y agonías continuas. El santo sacerdote anima a los demás y reza con ellos. Poco a poco van muriendo los demás. Y al final después de bastantes días, solamente queda él con vida. Como los guardias necesitan ese local para otros presos que están llegando, le ponen una inyección de cianuro y lo matan. Era el 14 de agosto de 1941.

Su familia, polaca, era inmensamente devota de la Sma. Virgen y cada año llevaba a los hijos en peregrinación al santuario nacional de la Virgen de Chestokowa. El hijo heredó de sus padres un gran cariño por la Madre de Dios.

Cuando era pequeño tuvo un sueño en el cual la Virgen María le ofrecía dos coronas, si era fiel a la devoción mariana. Una corona blanca y otra roja. La blanca era la virtud de la pureza. Y la roja, el martirio. Tuvo la dicha de recibir ambas coronas.

Un domingo en un sermón oyó decir al predicador que los Padres Franciscanos iban a abrir un seminario. Le agradó la noticia y con su hermano se dirigió hacia allá. En 1910 fue aceptado como Franciscano, y en 1915 obtuvo en la Universidad de Roma el doctorado en filosofía y en 1919 el doctorado en teología. En 1918 fue ordenado sacerdote.

Maximiliano gastó su vida en tratar de hacer amar y venerar a la Sma. Virgen. En 1927 fundó en Polonia la Ciudad de la Inmaculada, una gran organización, que tuvo mucho éxito y una admirable expansión. Luego funda en Japón otra institución semejante, con éxito admirable.

El padre Maximiliano fundó dos periódicos. Uno titulado “El Caballero de la Inmaculada”, y otro “El Pequeño diario”. Organizó una imprenta en la ciudad de la Inmaculada en Polonia, y después se trasladó al Japón y allá fundó una revista católica que pronto llegó a tener 15,000 ejemplares. Un verdadero milagro en ese país donde los católicos casi no existían. En la guerra mundial la ciudad de Nagasaki, donde él tenía su imprenta, fue destruida por una bomba atómica. A su imprenta no le sucedió nada malo.

Los nazis durante la guerra, al invadir Polonia, bombardearon la ciudad de la Inmaculada y se llevaron prisionero al padre Maximiliano, con todos los que colaboraban. El ya había fundado una radiodifusora y estaba dirigiendo la revista “El caballero de la Inmaculada”, con gran éxito y notable difusión. Todo se lo destruyó la guerra, pero su martirio le consiguió un puesto glorioso en el cielo.

Cuando el Santo Padre Pablo VI lo declaró beato, a esa gran fiesta asistió, el hombre por el cual él había ofrecido el sacrificio de su propia vida. Juan Pablo II, su paisano, lo declaró santo ante una multitud inmensa de polacos.

En este gran santo sí se cumple lo que dijo Jesús: “Si el grano de trigo cae en tierra y muere, produce mucho fruto. Nadie tiene mayor amor que el que ofrece la vida por sus amigos”.

Quiera Dios que también nosotros seamos capaces de sacrificarnos como Cristo y Maximiliano, por el bien de los demás.

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Un magnifico documental actual sobre Françoise, eremita diocesana francesa en el bosque. Emitido por la Tv francesa KTO

COMUNIDAD HOREB

“Hace unos pocos años, era periodista y trabajaba en un canal de televisión de información continua. Noticias del mundo pasaban cada segundo delante mío, día y noche, en la pantalla de un ordenador que está representada los últimos despachos de AFP y Reuters. sentí en ese lugar una soledad extrema. Se supone que el corazón de los acontecimientos de este mundo, me sentí habitado por un vacío que no podía dominar. Dejé de periodismo. Es en estas circunstancias que conocí Francoise, ermitaña en un bosque de Ardèche, inspirada por las ideas de Maître Eckhart. A diferencia de mí, Francoise apareció buscan voluntariamente algún tipo de vacío. Ella hacía una práctica espiritual radical.Para responder a mis preguntas, pedí hacer una película de este encuentro, en busca de los ritmos diarios, coreografía personal, signos visibles de la transformación del vacío total
Mención especial del jurado en el festival de 2015 “Les Écrans…

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Quédate conmigo Jesús amado…

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Quédate conmigo Jesús amado.
Para el trance difícil de la muerte,
Dame tu ayuda y tu cayado.
¡Que tenga yo, Señor, la inmensa suerte
De, bañado por luz divina verte,
De amarte y ser amado y no perderte! (Blas Piñar)

Domingo 19º Tiempo Ordinario (13 agosto 2017)

Compartir en Cristo

De Corazón a corazón: 1Re 19,9.11-13 (Dios se muestra a Elías “en el susurro de una brisa suave”); Rom 9,1-5 (“Desearía ser anatema por mis hermanos israelitas… de los cuales procede Cristo según la carne”); Mt 14,22-33 (“Los discípulos… a la otra orilla… Él subió al monte a solas para orar”)

Contemplación, vivencia, misión: Dios habla por medio de sus dones, también los más sencillos como el “susurro de una brisa suave”. A cada ser humano y a cada pueblo lo lleva en su corazón de Padre. El pueblo de Israel sigue siendo “su” pueblo de modo especial, porque de esa “raíz de Jesé” nació Jesús. Ahora ya todos los pueblos están bendecidos y llamados a encontrar a Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Pero hay que aprender a pasar a “la otra orilla”, es decir, a los nuevos planes de Dios Amor sobre toda la humanidad. “Nunca es…

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Procesión de las antorchas en Fátima

En recuerdo de Monseñor Guerra Campos

 

Nacimiento:

– Ames (La Coruña), 13.9.1920

  Estudios superiores:

– Estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Santiago de Compostela desde 1931 a 1940, con una interrupción durante la Guerra de España (combatiente en la 108 División)

– Bachillerato Eclesiástico en la Universidad Gregoriana de Roma, como alumno del Pontificio Colegio Español. Graduado en Teología, en dicha Universidad, en 1945

– Licenciado y doctor por la Universidad Pontificia de Salamanca en 1945

– Canónigo reliquiario, por oposición, de la Catedral compostelana desde 1951

Trayectoria canónica y docente:

– Presbítero el 15.10.1944

– Entre 1945 y 1964 profesor en el Seminario Diocesano de Santiago (Teología, Introducción a los Evangelios, Historia de la Filosofía y Liturgia), en el Instituto de Cultura Religiosa Superior (Historia de las Religiones, Historia de la Iglesia) y en las Facultades de Medicina y de Farmacia de la Universidad Compostelana (Deontología general y médica)

 – Entre 1945 y 1964 Consiliario de los Jóvenes Universitarios de Acción Católica; Viceconsiliario de la Archicofradía del Apóstol Santiago y director de su boletín “Compostela”; Secretario de las Juntas de los Años Santos Jacobeos; Miembro del Centro de Estudios Jacobeos y del Instituto Padre Sarmiento de Estudios Gallegos (del CSIC); Director adjunto en una fase de las excavaciones arqueológicas en la Catedral de Santiago

– Consultor del Episcopado Español en el Concilio Vaticano II (1962-1963)

– Nombrado Obispo titular de Mutia y auxiliar de Madrid- Alcalá el 15.6.1964. Consagrado Obispo el 26.7.1964

– Como obispo participa en las sesiones del Concilio de 1964 y 1965, con intervención especial sobre el ateismo marxista en la Constitución “Gaudium et spes”

– Miembro del Secretariado Pontificio para los No Creyentes (1965-1973); del Comité de enlace de las Conferencias Episcopales Europeas (1965-1972); representante del Episcopado Español en el Primer Sínodo de Obispos en Roma (1967); convocado para el segundo por la Secretaría del Sínodo (1969)

– De 1964 a 1972 Secretario General del Episcopado Español; Presidente de la Unión Nacional de Apostolado Seglar; Consiliario de la Junta Nacional de la Acción Católica Española; Presidente de la Comisión Católica Española de la Infancia; Presidente del Comité Rector de la Campaña contra el hambre en el mundo; Director del Instituto Central de Cultura Religiosa Superior. Procurador en las Cortes Españolas (1967-1976). Miembro hasta 1976 de la Junta del Patronato Menéndez y Pelayo del CSIC; Presidente de la Comisión Asesora de Programas Religiosos de RTVE hasta 1973.

 – Obispo de Cuenca el 13.4.1973

 – Falleció en Sentmenat (Barcelona), el 15 de julio de 1997

Mons. Guerra Campos poseía una profunda fe y una gran formación humanista y teológica; destacó por su aguda inteligencia, su sentido cristiano, preocupación pastoral y sus amplios conocimientos teológicos y humanísticos.

Poseía una profunda fe y una gran formación humanista y teológica, adquirida primero en su Galicia natal y más tarde en Roma donde destacó por su aguda inteligencia, su sentido cristiano, preocupación pastoral y sus amplios conocimientos teológicos y humanísticos. A todo ello unía un carácter afable y una preocupación por el derrotero que iba asumiendo la Iglesia española a partir del II Concilio Vaticano, concluido en 1965.

Actividad en el Concilio Vaticano Segundo

Guerra Campos actuó en el Concilio como Consultor, destacando entre todos los Obispos españoles —que acudieron a Roma un tanto desorientados— por la profundidad de sus intervenciones. Por este título de Consultor presentó un estudio acerca del ateísmo marxista que figuró entre la documentación más notable aportada a los trabajos del Concilio.

Este trabajo no tuvo la acogida que se merecía porque, por motivos que se desconocen, se había tomado una decisión en el momento en que fue convocado el Concilio en el sentido de que no iba a tratarse en él de nada relacionado con el marxismo. Antes del Concilio, Guerra Campos había sido Consiliario de la Junta Nacional de Acción Católica, puesto en el que mantuvo una dura brega para evitar las desviaciones progresistas que empezaban ya a manifestarse en la Iglesia española.

En 1964, es decir en pleno Concilio, fue nombrado Obispo auxiliar de la diócesis de Madrid–Alcalá que por entonces regentaba el Obispo Morcillo de quien también fue un gran colaborador como Secretario General del Episcopado español entre 1964 y 1972. Por ello su conocimiento de la Iglesia española era extraordinario.

Cambios en la política de nombramientos eclesiásticos

Los aires procedentes de Roma bajo Pablo VI, siendo Secretario de Estado el Cardenal Villot, inmediatamente después del Concilio a finales de 1965, comenzaron a soplar para cambiar radicalmente la orientación de la Conferencia Episcopal Española. Con este impulso en el que sin duda tuvo gran influencia quien fuera Nuncio en Madrid, Monseñor Benelli —quien no entendió nada de España— y también el que lo era en aquellos años, Monseñor Dadaglio, comenzaron a surgir una serie de nombramientos episcopales para cuya comprensión era necesario acudir a razones políticas, que no eclesiales, aunque ello supusiese la violación del Concordato, al menos en su espíritu.
 
Así, en aquellos años tan difíciles para la Iglesia y para España, se produjo en nuestro país, la aparición de Obispos muy jóvenes y con escasos merecimientos. Simultáneamente comenzaban a estorbar los Obispos conocedores de lo sucedido en la Iglesia española desde 1931, como Guerra Campos y sus coetáneos. Poco a poco fueron desposeídos de toda influencia y los fieles comenzaron a asistir a extraños nombramientos y a actitudes episcopales poco comprensibles. Han pasado muchos años y los resultados de todo aquello los tenemos a la vista. La Iglesia española fue y sigue siendo la perdedora.
 
Siguiendo esta línea de arrinconamiento de quienes bien conocían su oficio de pastores, Guerra Campos fue enviado en 1973 a la diócesis de Cuenca donde, olvidando sus antiguas actividades, realizó una obra amplísima de apostolado, predicación, organización de su diócesis y preocupación por sus diocesanos.

Recuerdos de una entrevista con Guerra Campos

En un duro día de invierno de 1984 quien estas líneas escribe tuvo que realizar una misión de servicio en Cuenca para comprobar el estado del armamento de aquella guarnición. Hacia tiempo que había mantenido alguna relación con aquel Obispo compartiendo algunas tareas en la revista Iglesia-Mundo. Concluida mi tarea durante la mañana, dada la exigüidad de la guarnición con cuyos componentes almorcé, aquella tarde me dirigí al Palacio Episcopal donde pedí audiencia al señor Obispo quien me la concedió inmediatamente.
 

Me recibió en una pequeña habitación, modestísima, en la que existía una mesa camilla con su brasero cuya lumbre removía el Obispo personalmente de vez en cuando con la badila de hierro, para intentar dar un poco de calor a aquella estancia fría y desangelada.
La conversación versó acerca de la crisis en estaba sumida la Iglesia  española y me permití lamentarme ante el Obispo de la pérdida de vocaciones, del abandono de sus funciones por gran parte del clero, de los abusos litúrgicos que so capa de seguir las normas del Concilio estaban proliferando, y, en general, de la pérdida de la fe por parte de muchos católicos. Al escuchar mis quejas el señor Obispo me interrumpió en un determinado momento y me dijo:
— «¿Ha hecho usted todo lo que estaba en su mano para evitarlo?»
Al responderle yo que, dentro de mi modestia como un simple fiel, había hecho lo que había podido en aquel sentido con la palabra y la pluma, me respondió:
— «Quien ha hecho todo lo posible para evitar un mal, no está obligado a más».
Y luego, añadió:
— «Mire Vd., general, los hombres, juzgamos mal los hechos y, a veces no sabemos valorar sus verdaderas consecuencias. En definitiva, es Dios y no los hombres quien juzga de nuestros esfuerzos, de nuestras acciones y de nuestras omisiones. Es Él el único cuyo juicio está por encima del nuestro y sabe si hemos cosechado un éxito o estamos frente a un fracaso. Nosotros somos malos jueces de nuestras acciones y de las ajenas pues, en definitiva, el éxito o el fracaso los da Dios y no los hombres».
Aquella respuesta y el tono de profundísima fe con que fue dada no lo olvidaré nunca. Mucho menos porque, después de aquella conversación, se disiparon mis temores acerca del futuro de la Iglesia española, nacidos al ver en qué manos estaba en aquellos años. Al temor ha sucedió la esperanza de que alguna vez los españoles recuperarán el sentido de una fe que ha sido la inspiradora de nuestros ancestros y creadora de España.
Eran los tiempos del Cardenal Tarancón y del clero renovador que apenas se dedicaba a otra cosa que a la llamada denuncia profética o a socavar los fundamentos de la fe. Todos han desaparecido llevados por la ola secularizadora o han comprendido sus errores pasados.

Ahora la cuestión está en luchar contra la avanzada
descristianización de España, tarea urgente que a todos nos compete.
 En cuanto a Guerra Campos fue desposeído de su sede en cuanto se produjo su renuncia por edad. Se refugió en un convento de Barcelona y murió santamente en 1997, tras sufrir toda clase de injusticias y persecuciones. La más indigna fue la apostilla que sobre su persona aparece en las llamadas Confesiones del Cardenal Tarancón que, por respeto a su memoria, considero que no fue escrita por él.

Fuente:www.religionenlibertad.com