Ante la Cruz de Cristo (2) por el Obispo Irurita

 

Jorge López Teulón, http://www.religionenlibertad.com

No podía ser otra la causa y origen primero de la Redención, sino la caridad eterna de Dios, como nos lo ha declarado el mismo Jesucristo (Jn 3,6): “Así amó Dios al mundo, que no paró hasta dar a su Hijo unigénito, a fin de que todos los que creen en él no perezcan, sino que vivan eterna”. Y el Apóstol, en su carta a los de Éfeso: “Dios, que es rico en misericordia, movido del excesivo amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por el pecado y éramos objetos de su cólera, nos dio vida juntamente en Cristo” (Ef 2,4-5).
Jesucristo, muerto en la Cruz, no es un vencido, una víctima vulgar de los odios humanos, sino una víctima amorosa, que voluntariamente se ofreció por amor a los hombres para salvarlos, como de él dijo el profeta Isaías (53,7): “Fue ofrecido en sacrificio porque él mismo lo quiso; y no abrió su boca para quejarse: conducido será a la muerte sin resistencia suya, como va la oveja al matadero, y guardará silencio sin abrir siquiera su boca delante de sus verdugos, como el corderillo está mudo delante del que le trasquila”.
El Divino Maestro declaró con frase encendida el fin de su misión, diciendo: “Yo he venido a poner fuego en la tierra. Y ¿qué quiero sino que arda?” (Lc 12, 49). Vino Dios al mundo para merecer de nuevo el amor que por tantos títulos le debíamos; pero el amor no se conquista sino con el amor. Por eso, se presentó entre nosotros vestido con el traje de amador, con el traje de nuestra propia mortalidad, semejante a nosotros según la carne; y después de una carrera de suavísimos amores, entretejida de penas, de trabajos, de hambre y de sed, y de persecuciones, destierros y cárceles, soportados por nuestro amor, quiso darnos la última prueba, muriendo en una afrentosa Cruz por amigos y enemigos, y con tanta prontitud de voluntad y con tanto gozo de su amantísimo Corazón, que en el Cantar de los Cantares (3,1), al día de su Pasión y Muerte se llama él de su alegría, en que quedó colmado de júbilo su corazón. Sobre lo cual, el santo Maestro Juan de Ávila, como fuera de sí por el ímpetu de amor agradecido, habla así con Jesús Crucificado:
“¿De qué te alegras entre azotes, y clavos, y deshonras y muerte? ¿Por ventura no te lastiman? Me lastiman, cierto y más a Ti que a ningún otro, pues tu complexión era más delicada. Mas porque te lastiman más nuestras lástimas, quieres Tú sufrir de muy buena gana las tuyas, porque con aquellos dolores quitaban los nuestros”.
“El fuego de amor de Ti, que en nosotros quiere que arda hasta encendernos, abrasarnos y quemarnos en Ti, Tú lo soplas con las mercedes que en tu vida nos hiciste, y lo haces arder en la muerte que por nosotros pasaste. ¿Y quién hubiera que te amara, si Tú no murieras de amor por dar la vida a los que por no amarte están muertos? ¿Quién será leño tan húmedo y tan frío, que, viéndote a Ti árbol verde, del cual quien come vive, ser encendido en la cruz y abrasado con fuego tormentos que te daban, y del amor con que Tú padecías, no se encienda en amarte aún hasta la muerte? ¿Quién será tan porfiado que se defienda de tu porfiada recuesta en que tras nos anduviste desde que naciste del vientre de la Virgen y te tomó en sus manos y brazos, y te reclinó en el pesebre, hasta que las mismas manos y brazos te tomaron cuando te quitaron muerto de la cruz y fuiste encerrado en el santo sepulcro como en otro vientre? Te abrasaste, porque nos quedásemos fríos; lloraste, porque riésemos; padeciste, porque descansásemos; y fuiste bautizado con el derramamiento de tu sangre porque nosotros fuésemos lavados de nuestras maldades; y dices, Señor: “¡Cómo vivo en estrechura hasta que este bautismo se acabe! (Lc 12, 50). Dando a entender cuán encendido deseo tenias de nuestro remedio, aunque sabías que te había de costar la vida… Una hora, Señor, se te hacía mil años para haber de morir por nosotros, teniendo tu vida por bien empleada en ponerla por tus criados… De manera que más amaste que sufriste, y más pudo tu amor que el desamor de los sayones que te atormentaban, y por esto quedó vencedor tu amor, y como llama viva no la pudieron apagar los ríos grandes y muchas pasiones que contra Ti vinieron; por lo cual, aunque los tormentos te daban tristeza y dolor, muy de verdad tu amor se holgaba del bien que de allí nos venía, y por eso se llama día de alegría de tu corazón”.
Hasta aquí el P. Maestro Ávila (Audi Filia, III parte, capítulo 69).
¿Quién había de pensar que en esta porfía amorosa había de poder más la criatura miserable que el Todopoderoso? ¿Que ardiendo el árbol verde, Jesucristo, permaneciera el hombre sin arder, como leño húmedo y frío? Esto es, ¿que amándonos Dios gratuitamente a nosotros, objetos de ira, no amásemos nosotros a Él, infinitamente amable, en cuyo amor, además, está toda nuestra grandeza, todo nuestro descanso y felicidad?
Sin embargo, el suceso ha sido muy diverso; porque mientras los unos, como debía ser, se han rendido al amor de Cristo Crucificado, los otros, en número infinito, se han escandalizado, haciendo de Él objeto de burla y hasta de persecución.
Carta pastoral de Cuaresma ante la Cruz de Cristo, Redentor del Mundo
Siervo de Dios Manuel Irurita Almandoz (1876-1936), Obispo de Barcelona,
mártir de la persecución religiosa, que sufrió el martirio el 3 de diciembre de 1936

Ante la Cruz de Cristo (1) por el Obispo Irurita

 

Jorge López Teulón, http://www.religionenlibertad.com

Habiéndose Dios propuesto en su excesiva caridad redimir y salvar al hombre pecador, entre los infinitos medios que para ello se le ofrecieron, escogió el hacerse hombre y morir en una cruz. La Cruz es, pues, el instrumento por el cual Dios-Hombre, Jesucristo, lleva a cabo la grande obra de nuestra Redención, la reconciliación del cielo y la tierra, de Dios y los hombres y de los hombres entre sí, según aquellas palabras de san Pablo: “Plugo al Padre reconciliar por su Hijo todas las cosas consigo, restableciendo la paz entre el cielo y la tierra, por medio de la sangre que derramó en la Cruz” (Col 1,20).
Grandes son los bienes que Jesús nos hizo por el misterio de la Cruz: nos reconcilió con su eterno Padre, ofreciéndose a sí mismo como víctima expiatoria por nuestros pecados; nos abrió las puertas del Cielo, que estaban cerradas por el pecado de nuestros primeros padres; nos mereció la gracia primera, que nos justifica, y las gracias del perdón por los pecados cometidos y de fortaleza para evitar los venideros; quebrantó con el báculo de la Cruz la cabeza de la serpiente antigua, esto es, destruyó la potencia de Satanás, que tenía al mundo sujeto con la cadena de todos los errores y vicios, y nos dio a nosotros ejemplos de virtudes y juntamente incentivos, estímulos y ayudas para practicarlas, con lo cual triunfáramos gloriosamente de ese nuestro mortal enemigo.

Conocida es la definición que de la Cruz nos ha dado el gran Obispo de Hipona, diciendo que es Cathedra docentis, ara sacrificantis, thronus regnantis.
La Cruz es la cátedra donde Jesús nos enseña las grandes verdades sobre Dios y sus infinitas perfecciones, sobre el hombre y sus eternos destinos; nos hace comprender de alguna manera la malicia y los efectos del pecado y la eternidad de las penas con que el Señor lo castiga. En ninguna parte Jesús es más maestro que en la cátedra de la Cruz.
La Cruz es el altar consagrado donde Jesús se sacrifica y muere para destruir el reino del pecado y hacernos honradores de Dios y amadores de toda virtud; para lo cual se nos presenta al mismo tiempo como el cuadro vivo de toda la moral del Evangelio, como el modelo acabado de todas las virtudes, principalmente de humildad, mortificación y pobreza, de piedad hacia los padres, de amor hacia los enemigos, de sumisión completa a la voluntad de Dios aún en medio de las más duras pruebas.
La Cruz es el trono donde Jesús reina, según su profecía: “Y cuando yo seré levantado en alto en la tierra, todo lo atraeré a Mí” (Jn 12,32). En efecto, se ha atraído a toda la humanidad. El Calvario es la cumbre más alta en la historia del mundo; la Cruz triunfante es el punto de demarcación entre la edad pagana y la edad cristiana. Todo converge hacia ella, todo procede de ella… Detrás, el mundo caído que suspira por la venida del Redentor; delante, el mundo redimido que, a su sombra, avanza hacia sus destinos inmortales. La destrucción de los ídolos y su culto, la reformación de la vida humana así individual como social, la muchedumbre de los santos, que luego comenzaron a florecer en la tierra, la constancia y esfuerzo de los mártires, el glorioso número de los pontífices y confesores, los coros y congregaciones de las vírgenes puras, que se multiplicaron por todas partes y cuyas brillantes filas se van acrecentando a través de los siglos, a pesar de la corrupción del mundo, son otros tantos trofeos de la Cruz.
Estos bienes y otros muchos más nos vinieron por el misterio de la Cruz. Porque -como dice Santo Tomás- mientras un corazón devoto filosofare más sobre este misterio, más frutos y conveniencias hallará. Continuemos, pues, filosofando devotamente y busquemos la causa y fuente de tanto bien, el rico filón de oro purísimo.

Carta pastoral de Cuaresma ante la Cruz de Cristo, Redentor del Mundo
Siervo de Dios Manuel Irurita Almandoz (1876-1936), Obispo de Barcelona,
mártir de la persecución religiosa, que sufrió el martirio el 3 de diciembre de 1936

Quédate conmigo Jesús amado…

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Quédate conmigo Jesús amado.
Para el trance difícil de la muerte,
Dame tu ayuda y tu cayado.
¡Que tenga yo, Señor, la inmensa suerte
De, bañado por luz divina verte,
De amarte y ser amado y no perderte! (Blas Piñar)

EL DESVELO DE NUESTRO ÁNGEL DE LA GUARDA

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Los Ángeles de la Guarda son nuestros consejeros, inspirándonos santos deseos y buenos propósitos. Evidentemente, lo hacen en el interior de nuestras almas, si bien que, como vimos, hayan existido almas santas que merecieron de ellos recibir visiblemente celestiales consejos.

            Cuando Santa Juana De Arco, aún niña, guardaba su rebaño, oyó una voz que la llamaba: “Jeanne! Jeanne!” ¿Quien podría ser, en aquél lugar tan yermo? Ella se vio entonces envuelta en una luz brillantísima, en el medio de la cual estaba un Ángel de trazos nobles y apacibles, rodeado de otros seres angélicos que miraban a la niña con complacencia. “Jeanne“, le dice el Ángel, “sé buena y piadosa, ama a Dios y visita frecuentemente sus santuarios“. Y desapareció. Juana, inflamada de amor de Dios, hizo entonces el voto de virginidad perpetua. El Ángel se le apareció otras veces para aconsejarla, y cuando la dejaba, ella quedaba tan triste que lloraba.

             El desvelo de nuestro Ángel de la Guarda para con nosotros está bien expresado por el Profeta David en el Salmo 90: “El mal no vendrá sobre ti, y el flagelo no se aproximará a tu tienda. Porque mandó Dios a sus Ángeles en tu favor, para que te guarden en todos tus caminos. Ellos te elevarán en sus manos, para que tu pié no tropiece con alguna piedra” (Sal 90, 10-12).

ORACIÓN

Oh invencible Protector!, asistidme a fin de corresponder dignamente a vuestro amor 
y a vuestros beneficios, y para trabajar con todas las fuerzas
 en promover vuestro culto y vuestra devoción.
 
Igualmente os pido que, por intercesión de María, me alcancéis de Dios 
un celo fervoroso para la práctica del bien y una fervorosa devoción angélica, 
que sean mi propia santificación y la del prójimo. 

Recuerda hombre que polvo eres y en polvo te convertirás

Recuerda hombre que polvo eres y en polvo te convertirás. Es la primera verdad que ha de reinar en vuestros corazones: polvo y ceniza, corrupción y gusanos, sepulcro y olvido. Todo se acaba: hoy somos, y mañana no parecemos; hoy faltamos a los ojos de las gentes; mañana somos borrados de los corazones de los hombres (…)

Muy cerca tienes el día, que te llamara la muerte; y entonces ¿de que te aprovecharan estas niñerías, en que ahora te ocupas? ¿Qué te aprovechará en aquella hora ser rico, poderosos, grande o pequeño? Si o lo que decía aquel rey Josafat estando a la muerte: “Se que muero en estos ricos adornados palacios, y no seré a donde seré hospedado esta noche”. Ciego eres, si no ves estas cosas: desventurado de ti, que surcas el mar y la tierra por juntar riquezas para dejarlas a otros, y cuando menos pienses entrarás desnudo en una sepultura llena de huesos y calaveras, que será tu oscuro aposento hasta el fin del mundo(…)

Es nuestra vida como el navío que corre con presteza sin dejar rastro ni señal por donde paso; pasa con la misma prisa nuestra vida, sin dejar de nosotros memoria. ¿Qué se hicieron tantos reyes y príncipes de la tierra, que dominaba el mundo? ¿Dónde esta su majestad? Buscad a Alejandro, llamad a Escipión, y quizá estarán en alguna tapia sus cenizas, o en la barda de alguna huerta. Pregúntales como les va y mudamente responderán: vanidad e vanidades, todo es vanidad.

Qué importa, hermano, que seas grande en el mundo, si la muerte te ha de hacer igual con los pequeños? Llega un osario, que esta lleno de huesos de difuntos, distingue entre ellos el rico del pobre, el sabio del necio, el chico del grande; todos son huesos, todos calaveras, todos guardan una igual figura. La señora que ocupaba las telas brocados en sus estrados, cuya cabeza era adornada en diamantes, a compaña las calaveras de los mendigos. Las cabezas que vestían penachos de plumas en las fiestas y saraos de las cortes, acompañan las calaveras que traían caperuzas en los campos ¡Oh justicia de Dios, como igualas con la muerte a la desigualdad de la vida!

Miguel de Mañara. Discurso de la Verdad

LAS PROMESAS DE LA ADORACIÓN EUCARISTICA

Las Promesas de la Adoración Eucarística Jesús dijo a Catalina:
Yo prometo al alma que Me visite con frecuencia en este Sacramento del Amor, que la recibiré cariñosamente junto a todos los Bienaventurados y Ángeles del Cielo; que cada visita suya será escrita en el Libro de su Vida y le concederé:

1) Todas las peticiones que sean presentadas ante el Altar de Dios en favor de la Iglesia, el Papa y las almas consagradas.

2) La anulación del poder de satanás sobre su persona y sus seres
queridos.

3) La protección especial en casos de terremotos, huracanes y
otros desastres naturales, que de otro modo le afectarían.

4) Será apartada amorosamente del mundo y de sus atractivos,
que son causa de perdición.

5) La elevación del alma, deseando alcanzar la santificación, en
vistas a la contemplación eterna de Mi Rostro.

6) El alivio de las penas del Purgatorio de sus seres queridos.

7) Mi bendición para todos los proyectos materiales y espirituales
que emprenda, si son para el bien de la propia alma.

8) Recibir Mi visita, en compañía de Mi Madre, en el momento
de su muerte.

9) Escuchar y atender las necesidades de las personas por las
cuales pida.

10) La intercesión de los Santos y de los Ángeles a la hora de la
muerte, para disminuir la pena temporal.

11) Que Mi Amor suscite santas vocaciones consagradas a Dios
entre sus seres queridos y amigos.

12) El alma que conserve una verdadera devoción a Mi Presencia
en la Eucaristía no se condenará, no morirá sin los
Sacramentos de la Iglesia.

A los sacerdotes y religiosas que propaguen la devoción a la
Adoración, les otorgaré muchas gracias especiales, el
reconocimiento total de sus pecados y la Gracia para enmendarse.
Les ayudaré a formar comunidades de fieles devotos y santos, y
alcanzarán muchos privilegios.

Prometo estas cosas a todas las personas, con sólo dos
condiciones que son el fruto del genuino amor hacia Mi
Presencia Real en la Eucaristía, y que son absolutamente
imprescindibles para hacer realidad en sus vidas Mis promesas:

a) Que luchen por conservar la dignidad en Mis Altares.
b) Que sean misericordiosas con su prójimo.