Levantar tu voz al cielo

Mi alegría es ser pequeña, permanecer pequeña

Si bien pasar por una prueba es muy duro, te vuelvo a repetir que no debes tener miedo, porque Jesús está contigo, aun cuando ves que estás como al borde de un precipicio. Evidentemente, debes levantar tu voz al cielo, aun cuando te invade un sentimiento de desolación. Grita en voz alta con Job, ese hombre tan paciente que cuando el Señor lo puso en la misma situación en la que te encuentras, le dijo gritando: “Aunque tú me mataras, Señor, seguiría esperando en ti” (Job 13, 15)

Carta del P. Pío a Raffaelina Cerase, del 28 de febrero de 1915

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