Orando, encontré a Dios

Mi alegría es ser pequeña, permanecer pequeña

Me resolví a orar… Luego, reflexionando y orando, encontré a Dios” (Madeleine Delbrêl)

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La vida de la fe no puede subsistir sin oración. Ahora bien, al vivir en medio del mundo una vida secular, parece que la oración es al mismo tiempo indispensable y difícil. Las vidas que son de Dios son vidas que oran, sean como sean y estén donde estén. Su oración es a la vez un don de Dios y una conquista. Una vida secular que no reza no es de Dios.

Pero, así como hay que encontrar las modalidades de los consejos evangélicos en medio de la vida secular, también hay que encontrar las modalidades de la oración y de sus casi indispensables auxiliares: el silencio, el recogimiento y el sentido litúrgico.

Creer profundamente que Dios existe, que es del Dios único, verdadero y vivo al que le entregamos nuestra vida, debe implicar…

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