“Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?” (Mt 14, 31)

F.Obra Pequeños Servidores de la Misericordia Eucarística.

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¡Cuán grande es la fe que Nuestro Señor pide de nosotros! y en justicia…  ¿De qué clase de fe no le somos a Él deudores? Después de la palabra de Nuestro Señor: “Ven”, Pedro no debía temer más y marchar con confianza sobre las aguas… Así, cuando Jesús nos ha llamado con toda seguridad a un estado o dado una vocación, no debemos temer nada, sino enfrentarnos sin titubear con los más insuperables obstáculos. Jesús nos ha dicho: “Ven”; tenemos gracia para andar sobre las olas. Esto nos parece imposible… Es necesario tres cosas: primeramente, hacer como Pedro, suplicar a Nuestro Señor que nos llame a El bien claramente; luego, después de haber entendido claramente el “Ven”, sin el cual no tenemos el derecho de echarnos al agua (ello sería presunción e imprudencia, arriesgar gravemente nuestra vida; sería pecado y a menudo pecado grave, pues arriesgar la vida del alma…

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