¿Y por qué habrían de casarse por la Iglesia?

bodareligiosa

Luis Fernando / Infocatólica

En el año 2001, el 73.1% de los matrimonios que se celebraron, fueron por la Iglesia Católica. En el año 2015, el porcentaje de matrimonios católicos alcanzó el 29.6%.

Semejante desplome puede ser analizado desde muchos puntos de vista. Para mí lo que está ocurriendo es absolutamente normal. Se está equiparando el nivel de práctica religiosa con el nivel de sacramentos “sociales”. O sea, bautismo, primera comunión y bodas. De hecho, en España no hay, ni por un casual, un 30% de católicos practicantes. La cifra debe de andar por la mitad. Y entonces surge la pregunta: ¿a cuento de qué alguien que no asoma nunca por la Iglesia tiene que asomar para celebrar un sacramento del que seguramente no cree lo que la Iglesia enseñaba -al menos hasta Amoris Laetitia- sobre el mismo?

Ya no existe la presión social para casarse por la Iglesia. Más bien lo contrario. El argumento de que la boda religiosa queda más bonita empieza a ser ridículo, pues se pueden celebrar bodas civiles con una fanfarria similar.

Lo lógico es que se casen por la Iglesia solo aquellos que saben de verdad lo que van a hacer contrayendo ese sacramento. Los que luego tienen la intención de llevar una vida matrimonial cristiana. El día en que tal cosa ocurra, el porcentaje de bodas católicas superará por poco el 10%. Con los bautizos ocurre lo mismo. ¿Qué sentido tiene bautizar a un hijo si no hay la menor intención de educarle en la fe católica? 

Ante esta situación todavía habrá quien diga que España sigue siendo católica. Pues miren, no. En este país todavía queda un porcentaje importante de católicos pero a la inmensa mayoría le tiene sin cuidado la Iglesia y la fe. Según recientes estudios hay bastantes más ateos que católicos practicantes. Y entre la juventud, la diferencia empieza a ser abisal.

La Iglesia en España tenía, y físicamente todavía tiene, una estructura preparada para atender a gran parte de la población, pero esa población le ha dado mayoritariamente la espalda. Mucho se ha hablado de la falta de vocaciones al sacerdocio. Pero si todo sigue así, lo que van a sobrar dentro de muy pocos años no son sacerdotes sino parroquias, e incluso diócesis.

¿A quién cabe atribuir la responsabilidad de la descristianización galopante de España? Pues a todos y a ninguno. Lo fácil es decir que la principal culpa la tienen los obispos. Luego los curas. Tambièn los religiosos, que teniendo en sus manos una gran parte de los alumnos de este país, han sido absolutamente incapaces de educarlos cristianamente. Pero, ¿y los seglares? ¿y las familias otrora cristianas? ¿no tienen responsabilidad? 

El principal drama, sin embargo, no es el desplome del catolicismo en este país. El verdadero drama es que nadie tiene ni la menor idea de cómo revertir las cosas. Llevamos décadas hablando de la nueva evangelización. Bla, bla, bla. Documentos, planes pastorales, multitud de reuniones donde se juntan los de siempre, etc. Si el renacimiento del catolicismo en España tiene que depender de quienes hemos sido testigos inútiles de su desplome, mal nos va a ir.

Y, sin embargo… Dios no necesita de grandes ejércitos para ganar batallas. Dios se valió de unos pocos para extender el evangelio por el imperio romano. Dios podría valerse de unos pocos para plantar de nuevo la semilla del evangelio en España. Para ello, pienso, resulta imprescindible formar a los que permanecen fieles en las doctrinas sobre la gracia. Y, ¡ay!, no se hace. Ni se forma bien a los seminaristas, ni se forma a los sacerdotes. El semipelagianismo estéril abunda por todas partes incluso dentro de los movimientos eclesiales más “activos”.

¿Dónde están los predicadores que desde los púlpitos encienden el fuego del Espíritu Santo y la conversión en los corazones? ¿dónde los grandes confesores?¿dónde están aquellos de quienes se puede decir que viven en olor de santidad? ¿dónde han quedado los José Rivera, Don Marcelo, Padre Alba, obispo Manuel González, Josemaría Escrivá…?

Envía, Señor, obreros a tu mies. Apiádate de un pueblo que te ha dado la espalda. Suscita santos, profetas, apóstoles que prediquen tu evangelio, el de verdad, el auténtico, aun en medio de una estructura aniquilosada y caduca.

Santidad o muerte.

Luis Fernando Pérez Bustamante

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