Dejarse Amar. [El camino de la infancia espiritual]

Fraternidad Monástica Virtual

discipulo amado

En eso consiste todo el problema. Pero no lo crea Dios, pues él ama. Es obra del hombre, que duda en dejarse amar, que no quiere -¡oh Nicodemo!- hacerse de nuevo niño, dejarse amar como un niño que se entrega confiado a los brazos de su Abba.

Rilke, poeta de sensibilidad extrema, presentó al final de los Cuadernos de Malte Laurids Brigge la parábola del hijo pródigo. Malte Laurids Brigge –el mismo Rilke– camina hacia su ruina porque no ha conseguido dar el paso decisivo aceptar que Dios le ama. Para él, la parábola del hijo pródigo es “la leyenda del que no quiso ser amado”. Para Rilke, el amor no puede tener más dirección que la del hombre a Dios, sin retorno posible. Y habla de “la imposible respuesta de Dios a nuestro amor”. Rilke conoce la “noche”. “Creo en la noche”, decía. Pero qué diferencia tan…

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