CARDENAL GOMÁ:“¡GLORIA A LOS MÁRTIRES!”

“¡GLORIA A LOS MÁRTIRES!” 

“Junto a sus cadáveres, taladrados por los proyectiles de la ametralladora, ultrajados por la vesania de los asesinos, abandonados a cielo abierto a la voracidad de las aves y de las fieras, calcinados por las llamas de la gasolina, hechos pedazos por la cuchilla del verdugo, parémonos unos momentos los vivos ante los muertos; y preguntémonos qué hicieron para trocar su vida, miserable como la nuestra, por
la inmortal que hoy disfrutan”.

“Yo creo que en toda la historia del Cristianismo no se ha dado en ninguna nación un grito tan universal, tan voluminoso, tan compacto, tan vibrante, como el grito de amor que ha salido del pecho de los mártires de España en el siglo veinte.

Más todavía: no sé si será temeridad o será ofensa para otros pueblos lo que voy a decir: Yo creo que en ninguna nación del mundo, en una persecución sañuda como la de España se hubiese producido el fenómeno del martirio, es decir, el fenómeno del amor a Cristo, en la forma tan espontánea, casi diría tan natural, cómo se ha producido en España”.

“Vedles a la hora de morir. El asesino les intima que renieguen de su fe; o sencillamente dispone la pistola o la ametralladora para taladrar sus cuerpos con el plomo mortífero. Yo no sé, si en aquellos momentos un escalofrío de muerte recorrería todos sus miembros, si un movimiento espasmódico sacudiría lo más entrañable de su ser, que no en vano se encara un hombre con la muerte cierta en la plenitud
de su vida. Pero sí sé que en la mayoría de los casos una sola palabra de transacción con los principios revolucionarios, un solo gesto de compenetración espiritual con sus verdugos, una sola blasfemia les hubieses librado de la muerte, tal vez les hubiese abierto horizontes de vida placentera. Y no 10 quisieron: sostuvieron y superaron aquellos momentos con el corazón impávido”.

“En el choque de la civilización contra la barbarie, del infierno contra Cristo, debían sucumbir primero, porque en el corazón se asestan los golpes mortales, los adalides de la civilización cristiana, los abanderados de Cristo. Junto con ellos han caído los hombres más representativos del catolicismo español… la historia cantará con notas épicas los sublimes episodios de muchas de estas muertes. Gloria a los mártires”.

“Para nosotros, los que hemos quedado de la hecatombe, el sentido… deberá ser el de una restauración totalitaria de la vida cristiana… tenemos todavía una fuerza inmensa. Además de la fuerza del Evangelio y de Jesucristo, contamos con esta alma nacional que podemos llamar “naturaleza cristiana” que nos da hecho la mitad del esfuerzo”.

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