Tarde te amé

En el camino hacia Dios nos acompaña María

“Es necesario que seamos siempre nuevos, sin dejar que lo viejo se introduzca en nosotros furtivamente, creciendo, adelantando y renovándose nuestro hombre interior de día en día; no adelantemos envejeciendo, sino haciendo que la novedad misma crezca siempre en nosotros”.
——————————————————————————-  SAN AGUSTÍN, Sermón 131, 1

¡Tarde te amé
belleza tan antigua y tan nueva, tarde le ame!

El caso es que tú estabas dentro de mi y yo fuera.
Y fuera te andaba buscando
y, como un engendro de fealdad,
me abalanzaba sobre la belleza de tus criaturas

Tú estabas conmigo,
pero yo no estaba contigo.
Me tenían prisionero lejos de aquellas cosas
que, si no existieran en ti, serían algo inexistente.

Me llamaste,
me gritaste,
y desfondaste mi sordera

Relampagueaste,
resplandeciste,
y tu resplandor disipó mi ceguera.

Exhalaste tus perfumes,
respiré hondo,
y suspiro por ti.

Te he paladeado,
Y me muero de hambre y de sed.

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