EL CUARTO DE HORA DE ORACIÓN, según Santa Teresa de Jesús ( I )

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 A partir de hoy quisiéramos compartir con nuestros amigos y lectores algunos extractos del libro EL CUARTO DE HORA DE ORACIÓN, de la pluma del Padre Enrique de Ossó, Fundador de la Compañía de Santa Teresa, publicado por vez primera en 1874. Redactado según la doctrina de la Seráfica Doctora y Maestra Santa Teresa de Jesús, seguro que su lectura nos ayudará entender más y mejor la necesidad de la orar constantemente para asegurar nuestra santificación y la de aquéllos a los que estemos obligados a dar ejemplo.

Hoy se habla más, se escribe más y hasta se trabaja más, 
pero se reza menos, y sin la oración la palabra no da fruto,
 los escritos no mueven el corazón, 
el trabajo es menos agradable a Dios. 
¡Oh almas…! Orad, orad, orad:
 la oración todo lo puede.

Padre Enrique de Ossó
 
Instrucción que Santa Teresa de Jesús
 da a un alma acerca de la oración
 
DIÁLOGO ENTRE SANTA TERESA ( T ) Y UN ALMA ( A )
 
Santa Teresa: Oye, pues, con atención, y aprende con fidelidad mis enseñanzas, alma mía, que no son mías, sino del Cielo, como asegura la Iglesia. Será un tanto larga mi conversación, pues además del placer que siente mi alma en conversar con una alma querida de mi corazón, y ser la oración la cosa que yo más inculqué y mas aprecio en un alma, hay muchas cosas que decir para no errar en este camino. Y sábete que preferiría mil veces que no empezases este camino, a que lo empezaras mal, con falsos fundamentos. 
 
Alma:Por eso acudo a Vos para no errar, Madre mía. Decidme qué cosa es oración. 
 
T: Hay dos maneras de oración: mental y vocal. La oración mental no es otra cosa que una 
consideración con la cual el alma, puesta en la presencia de Dios, advierte con quién habla, lo que pide, y quién es quién pide y a quién pide. La vocal es la que se hace con la voz. Aquí tratamos de la oración mental tan sólo, por ser la esencial, porque aun la vocal incluye la mental. 
 
A: ¿Cómo es esto, Madre mía, si yo he oído decir todos los días que basta rezar vocalmente para salvarse, y que esto de oración mental es bueno tan sólo para los que viven fuera del bullicio del mundo? 
 
T: Te repito, hija, que como sea verdadera oración, ha de ser con consideración; porque si uno rezando no advierte con quién habla y lo que pide, poco tiene de oración aunque mucho menee los labios; porque aunque algunas veces sí será, aunque no lleve este cuidado, mas es habiéndole llevado otras; mas quien tuviese la costumbre de hablar con la majestad de Dios como hablaría con su esclavo, que no mira si dice mal, sino lo que se le viene a la boca, y tiene deprendido por hacerlo otras veces, no lo tengo por oración; ni plegue a Dios que ningún cristiano, y sobre todo ninguna de mis hijas, la tenga de esta suerte, porque sería caer en gran bestialidad. Todos, pues, alma mía, los que rezan vocalmente deben hacerlo mentalmente también. Ningún cristiano, por consiguiente, puede excusarse bajo ningún pretexto de tener oración mental. Todos deben procurarla aunque no tengan virtudes, porque es principio para alcanzar todas las virtudes, y cosa que os va la vida en comenzarla todos los cristianos, y ninguno, por perdido que sea, la ha de dejar. 

A: Pero quieren estorbarme este camino con decirme que hay peligros: que el uno se engañó; el otro, que rezaba mucho, cayó; al otro vinieron ilusiones. Temo, por esto, emprender oración, Madre mía. 

T: No debes hacer caso, hija mía, de estos miedos y peligros; y pues este camino es el real y seguro para ir al cielo, por el que fue nuestro Rey Jesús y los escogidos y Santos, y en él, dicen, hay tantos peligros y ponen tantos temores; los que pretenden ir al cielo sin este camino ¿qué son los peligros que llevarán? Son muchos más sin comparación, sino que no los entienden hasta dar de ojos en el verdadero peligro. Pues alma sin oración no necesita de demonios que la tienten para ir al infierno, que ella sola se meterá en él sin advertirlo. 

A: ¿Deberé, pues, despreciar estos temores vanos, y no dar oídos a los que me dicen que no 
tenga oración? 

T: Así es, hija mía. No te engañe nadie en mostrarte otro camino sino el de la oración. Este es el deber de todos los cristianos, y quien te dijere que éste es peligroso, tenle a él por el mismo peligro, y huye de él. Peligro sería no tener humildad y otras virtudes, mas camino de oración camino de peligro, nunca Dios tal quiera. El demonio ha inventado estos temores, porque sabe que alma que tenga con perseverancia oración la tiene perdida, por miles de pecados y caídas que tenga, en fin tengo por cierto que la saca el Señor a puerto de salvación.

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