¿Como saludar a nuestros pastores?

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Los signos externos muestran en gran parte nuestra fe interna. Es debido a esto que debemos realizar – aún cuando nadie más lo haga – ciertas acciones que son esenciales en el contexto del tradicionalismo y la doctrina milenaria de la iglesia. Por ejemplo, si realmente creemos en la Divina Presencia de Nuestro Señor Jesucristo en las especies consagradas, entonces debemos obligatoriamente arrodillarnos ante Él al comulgar. No es algo opcional, es lo correcto, es la única manera correcta de comulgar (y jamás en la mano, lo cual es una infamia), es la manera en que se alaba a Dios.

Bueno, otro signo exterior (inferior al ejemplo anterior, pero siempre muy importante) que se debe hacer y que demuestra nuestra obediencia y reverencia ante nuestros pastores es precisamente el saludo sacerdotal. Al estar frente a un sacerdote (especialmente si es un buen católico… de esos que usan sotana y aman las sacrosantas tradiciones) debemos, cuando él nos presenta su mano (posiblemente pensando que tan solo la vamos a estrechar), besarla. Recordemos que no son manos como las tuyas o las mías, son manos consagradas, son las manos que administran los sacramentos por medio de los cuales alcanzamos la salvación.

Ante un obispo, un sucesor de los apóstoles, se debe realizar una genuflexión con la pierna izquierda (contraria a la del Santísimo que se hace con la derecha) y luego, ya estando de pie, besar su anillo episcopal. La genuflexión ha tendido a desaparecer fuera de los círculos tradicionales, pero no por ello deja de ser la forma correcta. Ante Su Santidad tradicionalmente se hacía una triple genuflexión, aun que hoy en día es común la genuflexión simple, seguida del beso al Anillo del Pescador.

Quizás al inicio sea extraño realizar estas nobles acciones, especialmente si se viene de círculos no tradicionales, pero rápidamente se asimila. Es posible que inclusive los mismos pastores no tengan la costumbre y lo vean como algo extraño o incorrecto… pero es ahí donde debemos, con mucha caridad, explicar, evangelizar.

Amigos, ayudemos a que las almas (empezando por los mismos sacerdotes) recuerden y den su lugar a nuestros pastores. Hagamos, iniciando por estas pequeñas acciones, que sea evidente que su oficio no es de este mundo, que sea evidente que se trata del Santo Oficio.

La fe sin obras es fe muerta.
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