Anima Christi

Anima Christi, sanctifica me.
Corpus Christi, salva me.
Sanguis Christi, inebria me.
Aqua lateris Christi, lava me.
Passio Christi, conforta me.
O bone Jesu, exaudi me.
Intra vulnera tua absconde me.
Ne permittas a Te me separari.
Ab hoste maligno defende me.
In hora mortis meae voca me,
Et jube me venire ad Te,
Ut cum Sanctis tuis laudem Te
In saecula saeculorum.
Amen.

Anima di Cristo, santificami,
Corpo di Cristo, salvami.
Sangue di Cristo, inebriami,
acqua del costato di Cristo, lavami.
Passione di Cristo, fortificami.
Oh buon Gesù, esaudiscimi.
Nelle tue piaghe, nascondimi.
Non permettere che io sia separato da Te.
Dal nemico difendimi.
Nell’ora della mia morte chiamami,
e comandami di venire a Te,
Perché con i tuoi Santi ti lodi,
nei secoli dei secoli.
Amen.

Soul of Christ, sanctify me.
Body of Christ, save me.
Blood of Christ, inebriate me.
Water from the side of Christ, wash me.
Passion of Christ, strengthen me.
O good Jesus, hear me.
Within thy wounds hide me.
Permit me not to be separated from thee.
From the wicked foe defend me.
At the hour of my death call me.
And bid me come to thee.
That with thy saints I may praise thee.
For ever and ever.
Amen.

Dušo Kristova, posveti me.
Tijelo Kristovo, spasi me.
Krvi Kristova, napoji me.
Vodo iz prsiju Kristovih, operi me.
O, dobri Isuse, usliši me.
Među rane svoje sakrij me.
I ne dobusti da se odijelim od Tebe.
Od neprijatelja zlobnoga brani me.
Na času smrti moje zovni me.
I zapovijedi mi da dođem k Tebi.
Da Te sa svetima Tvojim hvalim i slavim.
U vijeke vjekova.
Amen.

Festividad de San Ignacio de Loyola

 

San Ignacio de Loyola
31 de Julio
Año 1556

San Ignacio nació en 1491 en el castillo de Loyola, en Guipúzcoa, norte de España, cerca de los montes Pirineos que están en el límite con Francia.

Su padre Bertrán De Loyola y su madre Marina Sáenz, de familias muy distinguidas, tuvieron once hijos: ocho varones y tres mujeres. El más joven de todos fue Ignacio.

El nombre que le pusieron en el bautismo fue Iñigo.

Entró a la carrera militar, pero en 1521, a la edad de 30 años, siendo ya capitán, fue gravemente herido mientras defendía el Castillo de Pamplona. Al ser herido su jefe, la guarnición del castillo capituló ante el ejército francés.

Los vencedores lo enviaron a su Castillo de Loyola a que fuera tratado de su herida. Le hicieron tres operaciones en la rodilla, dolorosísimas, y sin anestesia; pero no permitió que lo atasen ni que nadie lo sostuviera. Durante las operaciones no prorrumpió ni una queja. Los médicos se admiraban. Para que la pierna operada no le quedara más corta le amarraron unas pesas al pie y así estuvo por semanas con el pie en alto, soportando semejante peso. Sin embargo quedó cojo para toda la vida.

A pesar de esto Ignacio tuvo durante toda su vida un modo muy elegante y fino para tratar a toda clase de personas. Lo había aprendido en la Corte en su niñez.

Mientras estaba en convalecencia pidió que le llevaran novelas de caballería, llenas de narraciones inventadas e imaginarias. Pero su hermana le dijo que no tenía más libros que “La vida de Cristo” y el “Año Cristiano”, o sea la historia del santo de cada día.

Y le sucedió un caso muy especial. Antes, mientras leía novelas y narraciones inventadas, en el momento sentía satisfacción pero después quedaba con un sentimiento horrible de tristeza y frustración . En cambio ahora al leer la vida de Cristo y las Vidas de los santos sentía una alegría inmensa que le duraba por días y días. Esto lo fue impresionando profundamente.

Y mientras leía las historias de los grandes santos pensaba: “¿Y por qué no tratar de imitarlos? Si ellos pudieron llegar a ese grado de espiritualidad, ¿por qué no lo voy a lograr yo? ¿Por qué no tratar de ser como San Francisco, Santo Domingo, etc.? Estos hombres estaban hechos del mismo barro que yo. ¿Por qué no esforzarme por llegar al grado que ellos alcanzaron?”. Y después se iba a cumplir en él aquello que decía Jesús: “Dichosos los que tienen un gran deseo de ser santos, porque su deseo se cumplirá” (Mt. 5,6), y aquella sentencia de los psicólogos: “Cuidado con lo que deseas, porque lo conseguirás”.

Mientras se proponía seriamente convertirse, una noche se le apareció Nuestra Señora con su Hijo Santísimo. La visión lo consoló inmensamente. Desde entonces se propuso no dedicarse a servir a gobernantes de la tierra sino al Rey del cielo.

Apenas terminó su convalecencia se fue en peregrinación al famoso Santuario de la Virgen de Monserrat. Allí tomó el serio propósito de dedicarse a hacer penitencia por sus pecados. Cambió sus lujosos vestidos por los de un pordiosero, se consagró a la Virgen Santísima e hizo confesión general de toda su vida.

Y se fue a un pueblecito llamado Manresa, a 15 kilómetros de Monserrat a orar y hacer penitencia, allí estuvo un año. Cerca de Manresa había una cueva y en ella se encerraba a dedicarse a la oración y a la meditación. Allá se le ocurrió la idea de los Ejercicios Espiritales, que tanto bien iban a hacer a la humanidad.

Después de unos días en los cuales sentía mucho gozo y consuelo en la oración, empezó a sentir aburrimiento y cansancio por todo lo que fuera espiritual. A esta crisis de desgano la llaman los sabios “la noche oscura del alma”. Es un estado dificultoso que cada uno tiene que pasar para que se convenza de que los consuelos que siente en la oración no se los merece, sino que son un regalo gratuito de Dios.

Luego le llegó otra enfermedad espiritual muy fastidiosa: los escrúpulos. O sea el imaginarse que todo es pecado. Esto casi lo lleva a la desesperación.

Pero iba anotando lo que le sucedía y lo que sentía y estos datos le proporcionaron después mucha habildad para poder dirigir espiritualmente a otros convertidos y según sus propias experiencias poderles enseñar el camino de la santidad. Allí orando en Manresa adquirió lo que se llama “Discreción de espíritus”, que consiste en saber determinar qué es lo que le sucede a cada alma y cuáles son los consejos que más necesita, y saber distinguir lo bueno de lo malo. A un amigo suyo le decía después: “En una hora de oración en Manresa aprendí más a dirigir almas, que todo lo que hubiera podido aprender asistiendo a universidades”.

En 1523 se fue en peregrinación a Jerusalén, pidiendo limosna por el camino. Todavía era muy impulsivo y un día casi ataca a espada a uno que hablaba mal de la religión. Por eso le aconsejaron que no se quedara en Tierra Santa donde había muchos enemigos del catolicismo. Después fue adquiriendo gran bondad y paciencia.

A los 33 años empezó como estudiante de colegio en Barcelona, España. Sus compañeros de estudio eran mucho más jóvenes que él y se burlaban mucho. El toleraba todo con admirable paciencia. De todo lo que estudiaba tomaba pretexto para elevar su alma a Dios y adorarlo.

Después pasó a la Universidad de Alcalá. Vestía muy pobremente y vivía de limosna. Reunía niños para enseñarles religión; hacía reuniones de gente sencilla para tratar temas de espiritualidad, y convertía pecadores hablandoles amablemente de lo importante que es salvar el alma.

Lo acusaron injustamente ante la autoridad religiosa y estuvo dos meses en la cárcel. Después lo declararon inocente, pero había gente que lo perseguía. El consideraba todos estos sufrimientos como un medio que Dios le proporcionaba para que fuera pagando sus pecados. Y exclamaba: “No hay en la ciudad tantas cárceles ni tantos tormentos como los que yo deseo sufrir por amor a Jesucristo”.

Se fue a Paris a estudiar en su famosa Universidad de La Sorbona. Allá formó un grupo con seis compañeros que se han hecho famosos porque con ellos fundó la Compañía de Jesús. Ellos son: Pedro Fabro, Francisco Javier, Laínez, Salnerón, Simón Rodríguez y Nicolás Bobadilla. Recibieron doctorado en aquella universidad y daban muy buen ejemplo a todos.

Los siete hicieron votos o juramentos de ser puros, obedientes y pobres, el día 15 de Agosto de 1534, fiesta de la Asunción de María. Se comprometieron a estar siempre a las órdenes del Sumo Pontífice para que él los emplease en lo que mejor le pareciera para la gloria de Dios.

Se fueron a Roma y el Papa Pablo III les recibió muy bien y les dio permiso de ser ordenados sacerdotes. Ignacio, que se había cambiado por ese nombre su nombre antiguo de Íñigo, esperó un año desde el día de su ordenación hasta el día de la celebración de su primera misa, para prepararse lo mejor posible a celebrarla con todo fervor.

San Ignacio se dedicó en Roma a predicar Ejercicios Espirituales y a catequizar al pueblo. Sus compañeros se dedicaron a dictar clases en universidades y colegios y a dar conferencias espirituales a toda clase de personas.

Se propusieron como principal oficio enseñar la religión a la gente.

En 1540 el Papa Pablo III aprobó su comunidad llamada “Compañía de Jesús” o “Jesuitas”. El Superior General de la nueva comunidad fue San Ignacio hasta su muerte.

En Roma pasó todo el resto de su vida.

Era tanto el deseo que tenía de salvar almas que exclamaba: “Estaría dispuesto a perder todo lo que tengo, y hasta que se acabara mi comunidad, con tal de salvar el alma de un pecador”.

Fundó casas de su congregación en España y Portugal. Envió a San Francisco Javier a evangelizar el Asia. De los jesuitas que envió a Inglaterra, 22 murieron martirizados por los protestantes. Sus dos grandes amigos Laínez y Salmerón fueron famosos sabios que dirigieron el Concilio de Trento. A San Pedro Canisio lo envió a Alemania y este santo llegó a ser el más célebre catequista de aquél país. Recibió como religioso jesuita a San Francisco de Borja que era rico político, gobernador, en España. San Ignacio escribió más de 6 mil cartas dando consejos espirituales.

El Colegio que San Ignacio fundó en Roma llegó a ser modelo en el cual se inspiraron muchísimos colegios más y ahora se ha convertido en la célebre Universidad Gregoriana.

Los jesuitas fundados por San Ignacio llegaron a ser los más sabios adversarios de los protestantes y combatieron y detuvieron en todas partes al protestantismo. Les recomendaba que tuvieran mansedumbre y gran respeto hacia el adversario pero que se presentaran muy instruidos para combatirlos. El deseaba que el apóstol católico fuera muy instruido.

El libro más famoso de San Ignacio se titula: “Ejercicios Espirituales” y es lo mejor que se ha escrito acerca de como hacer bien los santos ejercicios. En todo el mundo es leído y practicado este maravilloso libro. Duró 15 años escribiéndolo.

Su lema era: “Todo para mayor gloria de Dios”. Y a ello dirigía todas sus acciones, palabras y pensamientos: A que Dios fuera más conocido, más amado y mejor obedecido.

En los 15 años que San Ignacio dirigió a la Compañía de Jesús, esta pasó de siete socios a más de mil. A todos y cada uno trataba de formarlos muy bien espiritualmente.

Como casi cada año se enfermaba y después volvía a obtener la curación, cuando le vino la última enfermedad nadie se imaginó que se iba a morir, y murió subitamente el 31 de julio de 1556 a la edad de 65 años.

En 1622 el Papa lo declaró Santo y después Pío XI lo declaró Patrono de los Ejercicios Espirituales en todo el mundo. Su comunidad de Jesuitas es la más numerosa en la Iglesia Católica.

 

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¿La Misa de espaldas a los fieles?

 

Una aproximación a la orientación del sacerdote en la oración litúrgica

Por Juan Manuel Rodríguez – (14/01/2008)

El Papa Benedicto XVI ha celebrado, el domingo 13 de enero, una Santa Misa en la Capilla Sixtina, en la que utilizó su altar originario, situándose “ad orientem”, con la asamblea tras él dirigida en la misma dirección. El gesto del Pontífice ha levantado no poco revuelo en diversos medios de comunicación -que, lamentablemente, no suelen ser conocidos por su defensa o adhesión a la fe cristiana- acusándolo de “retrógrado” o “involucionista”. En los foros de Internet se han sucedido los enfrentamientos entre “defensores” y “detractores” de este gesto del Papa, y algunos, como Enrique Miret Magdalena, presidente de la llamada “Asociación de Teólogos Juan XXIII” han lanzado duras y públicas acusaciones contra el Sucesor de Pedro. Entre sus ataques, Miret Magdalena por ejemplo ha llegado a decir que : “Benedicto XVI no quiere parecer un hombre demasiado avanzado y da pasos hacia atrás, en vez de hacia adelante” y que “parece que se ha olvidado que el Concilio Vaticano II fue un paso importante hacia adelante de la Iglesia Católica”.

Es de lamentar que un hombre como Miret Magdalena acuse a quien precisamente fuera Perito del Concilio y quien lo vivió de cerca y participó en él, de no haberse enterado de lo que éste significó, o haberlo olvidado; pero la cosa no pasaría de la mera anécdota si no fuese porque este ataque no ha sido aislado, ya que han salido a relucir, de forma generalizada, grupos que, en el seno mismo de la Iglesia pretenden crear una lamentable división que a nadie beneficia. Sólo con una meditada reflexión y sin acaloramientos, se pueden abordar estas cuestiones, y sólo en una reflexión serena y mesurada, de la que el Santo Padre es ejemplo constante, encontraremos luz que arrojar a estos asuntos.

Este artículo, escrito por un fiel laico que no tiene más bagaje intelectual que el de sus propias lecturas, pretende ser un modesto granito de arena a esa necesaria reflexión, y un acicate para todos aquellos que, desde una mayor autoridad, pueden enriquecer un debate que se hace cada vez más urgente en la Iglesia de hoy, a la vista de los pasos que en materia litúrgica está dando nuestro Papa. Pido pues disculpas por las inevitables omisiones y las posibles imprecisiones en este texto surgido “a la carrera”, obligado por los acontecimientos, y que no pretende ser científico sino divulgativo, para animar a fieles cristianos como el que esto escribe a reflexionar sobre cuestiones tan importantes, tan absolutamente centrales para la vida de la Iglesia como lo es la liturgia.

El Concilio y el altar católico

En realidad, la diatriba de Miret Magdalena contra el Santo Padre, acusándolo de infidelidad al Concilio ya la contestó el entonces Cardenal Ratzinger hace algún tiempo y de manera pública, en el prólogo a una publicación, que tenemos reproducida en la página de Una Voce Sevilla (http://www.unavocesevilla.info/versusratzinger.htm ) :

” Para el católico practicante normal son dos los resultados más evidentes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II: la desaparición del latín y el altar orientado hacia el pueblo. Quien lee los textos conciliares puede constatar con asombro que ni lo uno ni lo otro se encuentran en dichos textos en esta forma. (.)El texto conciliar no habla de la orientación del altar hacia el pueblo. Se habla de esta cuestión en instrucciones posconciliares. La más importante de ellas es la Institutio generalis Missalis Romani, la Introducción general al nuevo Misal romano de 1969, donde en el número 262 se lee: «Constrúyase el altar mayor separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda hacer de cara al pueblo [versus populum]» . La introducción a la nueva edición del Misal romano de 2002 ha tomado este texto a la letra, pero al final añade lo siguiente: « es deseable donde sea posible» . Muchos ven en este añadido una lectura rígida del texto de 1969, en el sentido de que ahora existe la obligación general de construir -«donde sea posible»- los altares de cara al pueblo. Esta interpretación, sin embargo, fue rechazada por la competente Congregación para el Culto Divino el 25 de septiembre de 2000, cuando explicó que la palabra «expedit» [es deseable] no expresa una obligación, sino un consejo. Hay que distinguir -dice la Congregación- la orientación física de la espiritual. Cuando el sacerdote celebra versus populum, su orientación espiritual debe ser siempre versus Deum per Iesum Christum [hacia Dios por Jesucristo]. Dado que ritos, signos, símbolos y palabras no pueden nunca agotar la realidad última del misterio de la salvación, se han de evitar posturas unilaterales y absolutas al respecto. Es una aclaración importante porque evidencia el carácter relativo de las formas simbólicas exteriores, contraponiéndose de este modo a los fanatismos que por desgracia en los últimos cuarenta años han sido frecuentes en el debate en torno a la liturgia. Pero al mismo tiempo ilumina también la dirección última de la acción litúrgica, que no se expresa nunca completamente en las formas exteriores y que es la misma para el sacerdote y para el pueblo (hacia el Señor: hacia el Padre por Cristo en el Espíritu Santo)”. 1

En este mismo sentido se han pronunciado liturgistas y expertos de tan diversa procedencia y pensamiento como Uwe Michael Lang, Klaus Gamber, Andreas Jungmann o Louis Bouyer, a quien, como al mismo Papa, nadie puede acusar de no conocer lo que quería el Concilio Vaticano II. Bouyer, renombrado liturgista cuyas obras son ampliamente difundidas en ambientes “renovadores” católicos -aunque curiosamente se suelan obviar sus posturas sobre la orientación litúrgica-, asegura que “estas disposiciones (Instrucción sobre la Constitución conciliar sobre la Liturgia), así como el espectáculo televisado de las primeras misas concelebradas bajo la presidencia del Papa en San Pedro durante el Concilio 2, fueron suficientes para dar a muchas personas la impresión de que la mayor parte -por no decir toda- de la primavera litúrgica depende de la Misa “cara al pueblo”. Todo lo que llevamos dicho debería bastar para disipar esta ilusión”. 3

En efecto, a raíz del Concilio Vaticano II han proliferado en todo el mundo católico de rito latino los altares exentos, introduciéndose con ello uno de los cambios más significativos, en la celebración “versus populum” (de cara al pueblo) y con el sacerdote, situado detrás del altar, frente a los fieles. Erróneamente se ha llegado a la conclusión generalizada de que el hecho de que el sacerdote se coloque “de espaldas al pueblo” es una característica del rito de la Misa de San Pío V, mientras que la posición del sacerdote “cara al pueblo” pertenece al Novus Ordo de la Misa, de Pablo VI, y por extensión, al Concilio. Pero lo cierto es que la Constitución Conciliar sobre la liturgia “Sacrosanctum Concilium” nada dice de la celebración “cara al pueblo”. Y más allá, las rúbricas del Misal Romano del Papa Pablo VI presuponen la misma orientación de pueblo y sacerdote en el núcleo de la liturgia eucarística, al indicar que en el “orate fratres”, en la “Pax Domini” y al “Ecce Agnus Dei” el sacerdote debe “volverse hacia el pueblo”, y añadiendo que en el momento de la comunión del sacerdote indica “ad altare versus”, lo cual sería redundante si el celebrante estuviera situado tras el altar y frente al pueblo 4. Estas rúbricas están mantenidas en la última Editio Typica del Misal Romano, aprobada por Juan Pablo II en el año 2000 y publicada en la primavera de 2002.

¿De dónde viene, pues la confusión? Viene de la Instrucción “Inter Oecumenici” 5 preparada por el Consilium para la puesta en práctica de la Instrucción conciliar sobre la Sagrada Liturgia, en la que hay un capítulo sobre el diseño de nuevas iglesias y nuevos altares, en la que se indica: “Es recomendable que el altar mayor esté exento del muro frontal, de modo que se pueda rodear fácilmente y así llevar a cabo la celebración cara al pueblo”, a la que en el año 2000, en la Instrucción General del Misal Romano se añadió “lo cual es muy deseable siempre que sea posible”.

La interpretación de este texto originó alguna controversia, pues muchos pensaron que de él se derivaba la obligatoriedad de la celebración “cara al pueblo”, mientras que otros, como Andreas Jungmann insistieron en que esa disposición “no se impone, sino que se recomienda” 6 . Desde luego, a lo que no invitaba el texto era a destruir, en muchos casos con “nocturnidad y alevosía”, tan rico patrimonio de altares que han venido siendo amputados en iglesias antiquísimas, desfigurando su concepción original, para instalar los exentos en tantas partes del mundo.

Las dudas que pudieron surgir en torno a la interpretación del texto en cuestión quedaron resueltas por la autoridad eclesiástica. Así, la Congregación para el Culto Divino explicitó en el año 2000, en respuesta a una pregunta del Cardenal Schönborn, Arzobispo de Viena, que la celebración cara al pueblo “en modo alguno excluye la otra posibilidad” , y añadiendo que “es claro que sea cual sea la posición del celebrante, el sacrificio eucarístico se ofrece a Dios Uno y Trino y que el Sumo Sacerdote es Jesucristo, que actúa a través del ministerio del sacerdote de manera visible como instrumento suyo(.) Si el sacerdote celebra ‘versus populum, lo que es legítimo y a veces recomendable, su actitud espiritual debe estar siempre orientada ‘versus Deum per Iesum Christum'” 7.

Queda pues claro, y así lo ha expresado la Iglesia, que no existe obligatoriedad en absoluto de que la Santa Misa se celebre de “cara al pueblo”, y que la forma que eligió el Papa para celebrar la Misa del pasado domingo, es tal lícita y, al menos tan “conciliar” -si no más- como la celebración “versus populum”. El mismo Joseph Ratzinger, en 1966, ponía el dedo en la llaga:

“No podemos negar por más tiempo que sobre este tema se han insinuado muchas exageraciones e incluso aberraciones, hasta el punto de resultar enojosas e indecorosas. Por ejemplo ¿deberán celebrarse todas las Misas cara al pueblo? ¿Es tan absolutamente importante mirar a la cara del sacerdote que celebra la Eucaristía? O, ¿no será muchas veces extremadamente saludable pensar que también él es un cristiano y tiene todos los motivos para dirigirse a Dios en compañía de sus hermanos congregados en asamblea, y recitar con ellos el ‘Padrenuestro’?” 8.

Se podría pensar -y así muchos lo han interpretado desde una concepción plana y, por qué no decirlo, ignorante- que este gesto del Santo Padre obedece a un mero gusto personal, a una adhesión nostálgica a tiempos pretéritos o a un querer volver a la Iglesia “a tiempos pasados”, siempre sin especificar qué se quiere decir con esto. Caer en ese error desde una visión superficial es sin duda minusvalorar la capacidad intelectual y el amor a Dios de nuestro Santo Padre, que, desde luego, ni es un “político”, ni es un tonto nostálgico, ni parece moverse por otra cosa que no sea por su profunda identificación con Cristo. Pensar que no hay “algo más” detrás de cada una de las acciones de Benedicto XVI es el peor de los desprecios que pueden hacerse a un hombre de su talla intelectual y su profunda espiritualidad.

Leer más en http://www.unavocesevilla.info/misaespaldasfieles1.htm

Oración que salva miles de almas

 

 

Oración que salva miles de almas

En el nombre del Padre…, Señor mío Jesucristo…

¡Oh Jesús! yo os pido humildemente me concedáis

la gracia de salvar un alma por cada latido

de mi corazón, unido a los latidos del vuestro

y a los del Corazón Inmaculado de vuestra

Santísima Madre. Os lo suplico por vuestra

Preciosa Sangre y vuestra Divina Misericordia,

salva las almas, sálvalas Señor.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Extraordinaria promesa de Cristo

“Si me piden salvar un alma por cada latido

de su corazón, se lo concederé a quien

me lo pida” (Mensaje del Señor a los

Siervos del Divino Amor, año 1976).

Nota explicativa: Esta Oración

es válida sólo durante 24 horas, y se refiere

a la salvación de almas que aún viven.

No es aplicable, por tanto a las almas del

Purgatorio. (Con licencia eclesiástica)

GENOCIDIO CRISTIANO A MANOS DEL ISLAM: POR SOLIDARIDAD, IDENTIFICATE COMO CRISTIANO.

Yo también soy ‘Nazareno’ y me identifico con ellos

 

(Aleteia/InfoCatólica)

Aparece en las redes sociales de todo el mundo, pero ¿qué significa el símbolo y por qué compartirlo? ¡Todos somos cristianos de Irak! Por primera vez desde hace unos dos mil años no hay ningún cristiano en Mosul. Los cristianos de Irak, los descendientes directos de los asirio-caldeos, han tenido que escoger entre la muerte y el exilio, tras el ultimátum de los fanáticos del ISIL.

Pero antes de darles a elegir entre la conversión, el impuesto, la huida o la muerte, los islamistas empezaron por marcar todas las casas de los cristianos con un ن, a menudo inscrito en un círculo.

Este símbolo es de hecho una letra del alfabeto árabe, el «nombre», que corresponde a la «N» del alfabeto latino, una N por «Nasarah», es decir, nazareno, el término peyorativo con el que se designa a los cristianos en el Corán.

Una vez exiliados, todos sus bienes y posesiones han podido, por supuesto, ser robados por los «buenos creyentes» que son estos yihaidistas del ISIL.

Tras las motivaciones religiosas, el gusto por el dinero y el poder no están nunca muy lejos… Estas marcas sobre las casas antes de expropiarlas después de matar a los propietarios no dejan de recordar las actuaciones de los nazis en los años 30 respecto a la comunidad judía; esos otros locos extremistas pintaban entonces estrellas de David en los escaparates…

Cristianos, pero también musulmanes, de Bagdad, se han reunido con pancartas de «Soy iraquí, soy cristiano», para mostrarnos, para hacer reaccionar a los que nos gobiernan, que todos somos cristianos de Irak.

En apoyo a los cristianos de Irak perseguidos en la más total indiferencia, entre el drama ucraniano y el conflicto palestino-israelí, los cristianos de todo el mundo están llamados a mostrar este símbolo – ن – en las redes sociales.

¿Qué es la educación cristiana?

¿Cuál es la voluntad de Dios?…
 
 
 

La educación cristiana de los hijos.
Actualmente es muy confusa la educación cristiana en la mente de los padres, la mayoría no sabe con precisión y los más no pueden dar lo que ellos no tienen, una buena educación según el espíritu de Dios. ¿Exactamente que es educar a los hijos?, ¿Qué es la educación cristiana?, ¿Cuál es la voluntad de Dios?…
Normalmente en un hogar católico, los hijos desde temprana edad, deberían aprender a persignarse y hacer una pequeña oración al levantarse y al acostarse; ver a sus padres bendecir los alimentos e ir a la santa misa los domingos, rezar el santo rosario por las tardes, y por supuesto, el catecismo para recibir los sacramentos.
Ciertamente, es raro encontrar familias con éstas prácticas de piedad, lo común es hacerlo todo con prisas, gritos, enojos, televisión, y las practicas de piedad interrumpidas por falta de educación cristiana, por falta de respeto a las cosas santas.
La verdad es que no hay quien eduque verdaderamente, sobre todo a los niños, por ser la edad más importante de su vida. En la familia normalmente se les enseña a no molestar, rara vez se muestra el divino modelo, el Santo Niño Jesús, ¿Cómo era?, ¿Qué hacia?, ¿Qué debemos aprender de Él? Es necesario que los niños conozcan a Dios, lo respeten y vivan en su presencia. Si no conocen a Dios, no lo van a respetar, sino respetan a Dios, menos a sus padres… Papá ¿quieres que tus hijos te respeten…? Enséñales a respetar a Dios.
Ahora bien, ¿Qué aprenden los niños? Las costumbres de la familia, lo que ellos alcancen a observar. Si ellos ven televisión, escenas pecaminosas, si escuchan groserías, eso van a guardar en el fondo de su conciencia y tarde que temprano verán sus frutos.
Por otra parte, cumplidos cuatro, cinco años asisten a la educación preescolar, a los seis inician su primaria y se acelera la descomposición de su alma, la descristianización de su inteligencia, si es que hubo cristianización… Terrible, pero cierto.
Papá ¿Sabes quién le da clases a tu hijo?, ¿sabes que les enseñan, que compañeros tiene, que escucha y que ve tu hijo…? Normalmente, sin ofender a los maestros verdaderos, los profesores les interesa en primer lugar: su sueldo, sus vacaciones, sus puentes de descanso, sus compensaciones; en segundo lugar: que los niños no den problemas, que aprendan lo que enseña el libro.
¿Qué sabe el maestro de la educación cristiana, de su compromiso con Dios…? Si tiene que enseñar lo que manda el programa ateo y pagano de la Secretaria de Educación Pública; tiene que enseñar conforme a los libros de texto; que el mundo se formo a partir de substancias raras, sin la participación de Dios, que el hombre proviene de un animal irracional; es decir, enseña, salvo casos excepcionales y heroicos, que Dios no tiene nada que ver con los hombres y todo lo que enseña concerniente al origen del hombre, del mundo y del universo es en contra de la verdad, en contra de Dios y ni siquiera se puede tocar el Santo Nombre de Dios para algo sagrado, una oración antes de clases, porque está estrictamente prohibido hablar de Dios, pues la constitución marca que la educación es laica o por mejor decir anticristiana.
Por otra parte la famosa “educación sexual” que en verdad, es una depravación, lejos de educar, despierta la morbosidad, hace ver lo concerniente a la reproducción de la especie humana, como un hecho meramente lujurioso, sin atender el motivo por el cual Dios dotó al hombre de esta parte tan importante para cumplir el fin del matrimonio. En vez de enseñar los motivos de Dios, los fines del matrimonio, la reproducción de la especie humana; enseñan como tener actos pecaminosos, como evitar el embarazo, como tener el comercio carnal; y todo esto, por lo regular con un lenguaje impuro y morboso.
Ahora, es un verdadero y rotundo fracaso la “educación sexual” impartida y mandada por el Gobierno de la República, las estadísticas de actos carnales en el sexto año de primaria están disparadas, en la educación secundaria igualmente, los embarazos prematuros, los noviazgos totalmente desvirtuados de la voluntad de Dios. ¿Qué educan en las escuelas?, no educan en esta materia.
Quede bien claro: pervierten, corrompen el cuerpo y el alma de la Nación Mexicana. “Mas quien escandalizare a uno de estos parvulillos que creen en mí, mejor le sería que le colgasen del cuello una de esas piedras de molino que mueve un asno, así fuese sumergido en el profundo del mar. ¡Ay del mundo por sus escándalos!, porque si bien es forzoso, que haya escándalos, sin embargo ¡ay de aquel hombre que causa el escándalo! (1)
Lo mismo en la escuelas públicas que en los colegios, a veces, los pecados resultan ser más refinados… A esto debemos sumar la multitud de groserías que se escuchan en una escuela, las costumbres impuras entre los alumnos, la inmodestia en el vestir, los noviazgos prematuros y otras cosas que mejor es callar.
De todo esto ¿Qué podemos esperar?, la familia sin ir a misa, sin costumbres piadosas, sin respetar la casa de Dios; la educación anticristiana, los compañeros pecaminosos, la calle llena de malos ejemplos, la televisión, el internet lleno de escándalos. ¿Qué podemos esperar? ¿En donde se les habla de Dios?, ¿en donde se forma? Los mejores hijos respetan a sus padres, pero su mente tiene muchas dudas, tiene deseos reprimidos, están confundidos; pobres muchachos, pobre de México, ¿Quién librará nuestra patria de esta terrible tribulación? Solamente un milagro de Dios…
El buen padre de familia debe educar a sus hijos principalmente en la virtud de la humildad y de la caridad, destierren de sus hijos la soberbia, los berrinches; las lagrimas y gritos de chantaje; en una palabra, enséñenlos a ser hombres, sufridos, abnegados, callados; porque solo así pueden ser buenos cristianos, deben preparar sus almas para que dé fruto la palabra de Dios.
Una cosa vista, muchos padres ya no quieren pegarle a sus hijos, ahora, una palabra fuerte, un manaso, una amenaza y es todo; hay hijos que lo requieren, cuando hacen sus berrinches y esas cosas extrañas, en el nombre de Dios ejecútenlos, como Dios manda, bien dados; no porque no los quieran, sino porque los quieren, para desterrar de ellos los caprichos, los berrinches que desdicen de la piedad cristiana. Por favor, la mamá no corra a abrazar a los niños y a defenderlos, quédese callada y no lo apapache al momento.
• “Quien escasea el castigo, quiere mal a su hijo; mas quien lo ama, lo corrige continuamente.” (2)
• “No escasees la corrección al muchacho, pues aunque les des algún castigo, no morirá. Aplícale la vara del castigo, y librarás su alma del infierno.” (3)
Cabe aclarar, no es castigar por castigar o satisfacer la ira, es castigar cuando lo amerita, en el momento oportuno, conforme la razón y castigarlo no para matarlo ni para volverlo tímido, miedoso o pusilánime, sino para educarlo y es muy importante, que el hijo sepa, que lo castigan porque lo aman, porque lo quieren, todo regido por la virtud de la prudencia cristiana.
• “Y vosotros, padres, no irritéis con excesivo rigor a vuestros hijos; mas educadlos corrigiéndolos e instruyéndolos según la doctrina de el Señor.” (4)
• “Padres, no provoquéis a ira, o no irritéis, a vuestros hijos con excesiva severidad, para que no se hagan pusilánimes, o apocados.” (5)
Que difícil todo esto. La familia prácticamente sin Dios, la escuela contra Dios, los gobiernos legislando contra la ley de Dios, la Iglesia agonizando, Satanás con todo su poder perdiendo las almas…
“Mucho esperarán vuestros hijos de los vigilantes cuidados de que rodearéis sus primeros pasos, y el primer soltarse y abrirse de su inteligencia y de su corazón. Confiándolos más tarde en las manos de maestros dignos de vuestra confianza de padres cristianos, no cesaréis de ayudarlos, cuando sean mayores, con vuestros consejos y alientos. Pero más que cualquier otra palabra, valdrá la voz de vuestro ejemplo, aquel ejemplo en cuyo espejo continuamente, por muchos años, se reflejará a sus ojos vuestra vida práctica, tanto dentro como fuera del hogar doméstico; aquel ejemplo que ellos penetrarán y juzgarán con la terrible clarividencia y con la inexorable agudeza de sus jóvenes miradas.” (6)
Los padres no pueden renunciar a esta misión inseparable del matrimonio, tan propia de su estado, como la educación cristiana de sus hijos, tan importante, que de ella puede depender la salvación eterna de sus hijos y de ellos, porque el día de su muerte Dios les ha de pedir cuentas de la educación que los padres le dieron a sus hijos, no tanto de las ciencias profanas, como de las ciencias divinas, del santo temor de Dios.
Más que preocuparse en los bienes materiales, que hoy son y mañana los dejamos, deben ocuparse de los bienes eternos, que han de perdurar y ser el galardón de su paternidad en la eternidad, bienaventurados los padres que cumplan con ésta misión tan importante, la educación cristiana de sus propios hijos.
Su Santidad, el Papa Pío XII dice a los esposos: “El viejo Tobías no era ya rico en bienes de fortuna; el Señor le había probado con la desgracia del destierro y de la ceguera; pero era rico de algo mejor, de admirables ejemplos de virtud y de sabias advertencias que daba a su hijo. También nosotros vivimos en tiempos difíciles: quizá no consigáis siempre procurar a vuestros hijos la vida acomodada y bella que soñáis para ellos, ni seáis capaces de tenerlos tranquilos y contentos, fuera del pan cotidiano que, gracias a la divina Providencia, confiamos que no les faltará, con aquellos bienes de la tierra, que nunca cambian, ni aun para los poderosos y los epulones, este valle de lagrimas en paraíso de delicias, en vuestra mano está dar a vuestros hijos y herederos bienes mejores, aquel pan y aquella riqueza de fe, aquella atmósfera de esperanza y de caridad, aquel impulso de vida animosa y constantemente cristiana, en la que vuestro deber de padres y de madres conscientes de la alteza de la paternidad que habéis recibido del cielo, les hará crecer y progresar para consuelo vuestro, delante de Dios y de los hombres.”(7)
Los padres no solo deben pensar en su bienestar, sino en las cuentas que entregaran a Dios de sus hijos, que el educarlos según la voluntad del autor de la familia no es cosa opcional o facultativa, es una obligación de la cual habrán de entregar severas cuentas a Dios Nuestro Señor, por eso los esposos deben vivir en armonía y unidad, la autoridad de la familia es el padre, pues ésta es la voluntad de Dios y no otra y quien atente contra el orden de la familia, atenta contra la voluntad de Dios.
Cuiden los padres de enseñar a sus hijos a darle gracias a Dios al levantarse y al acostarse, rezar al salir de casa, en las tentaciones, penas y tribulaciones; a bendecir los alimentos, enseñen la vida del Santo Niño Jesús, los pasajes de la Sagrada Escritura, la historia de los santos, a besar la mano al sacerdote, a respetar la casa de Dios; sobre todo, a rezar el santísimo rosario fuente de grandes bendiciones para el hogar católico; infundan en sus tiernos corazones el amor a Dios, a Nuestra Señora la Virgen María, a la Iglesia, a los sacerdotes, a los pobres, a los necesitados; cuiden mucho de amar a sus hijos no como personas propias sino como hijos de Dios y coherederos de la eterna bienaventuranza; que a su tiempo por amor deben ser corregidos y si es preciso castigarlos según sus faltas y que ellos sepan que los castigan fuertemente no por desprecio o coraje no contenido, sino por amor y sobre todo por amor a Dios.
“Pero ¿Dónde adquiriréis tan bellas y necesarias virtudes? Las adquiriréis, las conservaréis, las aumentaréis solamente en los manantiales profundos y límpidos del agua viva que salta hasta la vida eterna, en la asiduidad para escuchar la palabra de Dios, para instruiros cada vez mejor en las enseñanzas de la Iglesia, en la oración que os reunirá mañana y tarde, en la asistencia a la Santa Misa, en la frecuencia de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, en una palabra, en la activa y virtuosa vida cristiana.” (8) Enseña SS. Papa Pío XII.
Quiera Dios Nuestro Señor infundir su gracia en estas sencillas palabras, esperando no se molesten los padres de familia por hablarles de estos temas tan importantes, por el contrario, rueguen a Dios por mí, para que me dé su gracia y su luz para ayudar según sea la voluntad de Dios.

Que Dios y María Santísima los bendiga.

Pbro. Hernán Arturo Vergara Monroy
misdudas44@yahoo.com.mx

Extraido de: Santa Teresita del Niño Jesús

(1) Mateo XVIII, 6
(2) Proverbios XIII, 24.
(3) Proverbios XXIII, 13.
(4) Efesios VI, 4
(5) Colosenses III, 21
(6) Papa Pío XII, alocución: Grandezas y deberes de la Paternidad. 19 de marzo de 1941.
(7) Papa Pío XII, alocución: Grandezas y deberes de la Paternidad. 19 de marzo de 1941.
(8) Papa Pío XII, alocución: Confianza en Dios. 7 de mayo de 1941